martes, 30 de octubre de 2012

Grand Theft Auto V… ¿llegará finalmente en la primavera del 2013?

Ayer mismo os hablamos del décimo aniversario del GTA: Vice City, y curiosamente, tras ese regreso al pasado ahora nos viene una noticia sobre el futuro de la franquicia. Sí, el GTA V está por fin a la vuelta de … Sigue leyendo


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Vía Gizmodo ES

Los anuncios de medicamentos mantienen el mismo rol de la mujer que hace 30 años

Si la publicidad convencional sigue reservando todavía hoy un papel distinto para hombres y mujeres, no sigue un patrón diferente aquella que se dirige a los profesionales sanitarios. Los anuncios que las farmacéuticas insertan en las revistas médicas para promocionar sus medicamentos entre los facultativos también refuerzan unos roles de género más cercanos a los años '70 que a los tiempos actuales.






Fuente: Noticias

El asesino de Lennon quiere quedar con McCartney para comentarle una cosa

Mark David Chapman, autor del asesinato del músico John Lennon en 1980, ha manifestado su deseo de encontrarse con Paul McCartney “para comentarle un asunto”. Aunque sigue encarcelado en el correccional de Attica, Chapman aprovecharía un permiso de tres días que le ha sido concedido “para pasar por el garaje de mi hermana a recoger una mochila con cosas y luego iría al encuentro de McCartney, allí donde le fuera bien que nos viéramos”, ha explicado. McCartney, a través de su agente, ha preguntado “si no me lo puede comentar por teléfono”, a lo que Chapman ha respondido “No, qué va”.



“Puedo esperar en el portal de su casa”, sugiere el asesino



El exbeatle sigue en plena promoción de su disco “Kisses on the Bottom”, por lo que insiste en evitar un encuentro “que ahora me resulta complicado por motivos logísticos”. Chapman replica que “su compañero Lennon también estaba en plena grabación y por eso le esperé en el portal de su casa. Si McCartney prefiere que nos veamos en la puerta principal de su residencia en East Hampton, me parece bien. Ya tengo su dirección exacta, me sé sus horarios de entrada y salida, y no tardaría más de cinco minutos. Lo que le tengo que comentar es rápido pero tiene que estar él, es importante”.


El músico cree en la reinserción “pero voy muy liado”


El abogado de Chapman asegura que su representado “ha aprendido de sus errores porque confía, como cualquier demócrata, en la reinserción, esforzándose día a día para mejorar, y lo que necesita ahora son refuerzos positivos, sentir que la sociedad no le da la espalda como a un apestado”. Paul McCartney considera que “esto está muy bien” y confía en que el encuentro pueda producirse “en un futuro, vía Skype, por ejemplo”. Chapman ha declarado que “lo del Skype es una buena idea pero no podrá ser porque el programa me da error”.


El asesino le pide a McCartney “que se tranquilice, que haga su vida. Yo pasaré igualmente por el garaje de mi hermana para recoger mi mochila donde guardo unas cosas y seguro que encuentro un hueco para verle, porque siempre pasa que se anula una cita o se retrasa un vuelo y te quedan unos minutos preciosos con los que no contabas”.






Vía El Mundo Today

¿Quiénes son más peligrosos? ¿Los de antes o los ahora? (y III)

Siguiendo la línea de lo comentado en la anterior entrega de esta serie de artículos sobre el declive progresivo de la violencia, decía Hobbes en su Leviatán que el conflicto entre seres humanos se produce por tres motivos fundamentales: competición, inseguridad y gloria; el primero hace que los hombres invadan por ganancia; el segundo, por seguridad; el tercero, por reputación.


Los primeros usan de la violencia para hacerse dueños de las personas, esposas e hijos y ganado de otros hombres; los segundos, para defenderlos; los terceros, por pequeñeces, como una palabra, una sonrisa, una opinión distinta o cualquier otro signo de subvaloración.

Frente a este panorama, pues, cuesta creer que existan pueblos de cazadores-recolectores en los que no exista en conflicto y la muerte violenta. Con todo, a pesar de que estudios etnográficos sugieren que entre el 65 y el 70 % de los grupos de cazadores-recolectores están en guerra al menos cada dos años, y que el 90 % participa en una guerra al menos una vez en cada generación, existen grupos que evitan la guerra durante largos períodos de tiempo.



Por ejemplo, la tribu de los semai tiene índices muy bajo de mortalidad por guerra. Sin embargo, Steven Pinker es muy crítico sobre estos datos en su libro Los ángeles que llevamos dentro:


Los antropólogos de la paz han dado mucha importancia a estos grupos: sugieren que pudieron ser la norma de la historia evolutiva humana, y que sólo los pastores y horticultores más recientes y prósperos han practicado una violencia sistemática. (…) Como ya he mencionado, puede que los grupos cazadores-recolectores que podemos observar actualmente sean poco representativos desde el punto de vista histórico. Los encontramos en desiertos resecos o en páramos helados donde no quiere vivir nadie, y acaso hayan acabado ahí porque pueden pasar desapercibidos, y cada vez que se crispan los nervios unos a otros, se largan. Como señala Van der Dennen, “la mayoría de los recolectores “pacíficos” contemporáneos (…) han resuelto el eterno problema de que los dejen en paz con un aislamiento espléndido, cortando todo contacto con otros pueblos, huyendo y escondiéndose, so pena de ser sometidos a base de golpes, de ser domeñados tras la derrota, de ser pacificados a la fuerza”.

Por otro lado, si bien hay grupos en los que los índices de mortalidad por guerra son bajos, igualmente tienen índices de homicidios semejantes a los de las sociedades estatales modernas. Entre los semai, por ejemplo, paradigma de grupo pacífico, no hay muchos homicidios… pero es que tampoco hay muchos semai. El antropólogo Bruce Knauft calculó que su índice de homicidios era de 30 por cada 100.000 al año, el mismo nivel que las ciudades más peligrosas de Estados Unidos en su década más violenta del siglo XX.


Los mismos porcentajes pueden arrojarse si estudiamos a otro pueblo como los kung, que inspiraron libros con títulos como The Harmless People. O los inuit, que inspiraron un libro titulado Never in Anger.


Estos pueblos inofensivos, no violentos, desprovistos de ira, no sólo se mataban unos a otros con arreglo a índices muy superiores a los de los americanos o europeos, sino que el índice de homicidios entre los kung bajó a una tercera parte después de que su territorio cayera bajo el control del gobierno de Botswana.

Las antropólogas Karen Ericksen y Heather Horton han cuantificado hasta qué punto la presencia de un gobierno puede alejar a una sociedad de la venganza mortal. Revisaron 192 estudios tradicionales, descubriendo que la venganza individual era frecuente en las sociedades recolectoras, así como las venganzas entre parientes eran también comunes en las sociedades tribales que no habían sido pacificadas por un gobierno nacional o colonial.


Así que, aunque la intuición nos pueda llegar a engaño, ahora mismo vivimos en uno de los mejores mundos, al menos en lo que respecta al índice de homicidios. Lo que no sabemos es si este declive continuará su curso ad infinitum o volverá, quizá algún día, a ascender.












Vía Xatakaciencia

¿Quiénes son más peligrosos? ¿Los de antes o los ahora? (II)

Como os adelantaba en la entrega anterior de esta serie de artículos sobre los lugares más violentos del mundo, vamos a calcular la proporción de personas vivas en diferentes lugares y épocas para calcular la probabilidad de morir en cada una de ellas.



Para ello, basta con un recuento de cuerpos del cementerio y el tamaño de la población. El número de muertes al año por cada 100.000 personas es la media estándar de índices de homicidios. Tal y como señala Steven Pinker en su libro Los ángeles que llevamos dentro:


Para hacernos una idea de qué significan esas cifras, tengamos presente que el lugar más seguro de la historia humana, Europa occidental al inicio del siglo XXI, tiene un índice de homicidios cercano a 1 por cada 100.000 habitantes al año. (…) Entre los países occidentales actuales, Estados Unidos se halla en un peligroso extremo del registro. En los peores años de las décadas de 1970 y 1980 hubo un índice de homicidios aproximadamente de 10 por 100.000, y las ciudades con fama de violentas, como Detroit, llegaban a 45 por cada 100.000. Si viviéramos en una sociedad con un índice de homicidios así, notaríamos el peligro en la vida cotidiana, y a medida que aumentara el índice hasta llegar a 100 por 100.000, comenzaría a afectarnos en el plano personal; suponiendo que tuviéramos cien parientes, amigos y conocidos íntimos, en el transcurso de una década seguramente uno de ellos sería asesinado. Si el índice llegara a 1.000 por 100.000 (1 %), perderíamos a un allegado al año y tendríamos una probabilidad superior al 50 % de ser asesinados.

Las cifras parecen enormemente peligrosas, pero fueron bastante parecidas a las reales si echamos la vista hacia atrás. El índice anual medio de mortalidad por guerra para las sociedades sin estado es de 524 por 100.000. La Francia del siglo XIX participó en las guerras Revolucionarias, Napoleónicas y Franco-prusianas, y perdió un promedio de 70 por cada 100.000 habitantes al año.


Durante el siglo XX, Estados Unidos se ganó la fama de belicistas, pues luchó en las dos guerras mundiales, y en Filipinas, Corea, Vietnam e Irak. Sin embargo, el coste anual en vidas americanas era inferior al de las otras grandes potencias del siglo: en torno a 3,7 por cada 100.000.

En definitiva, los países occidentales modernos, incluyendo las épocas en los que estuvieron en guerra, sufrieron un índice de mortalidad que era apenas una cuarta parte del índice promedio de las sociedades sin estado.


Según algunos estudios, hay grupos de cazadores-recolectores pacíficos. Sin embargo, son casos anecdóticos, y, además, no resultan muy fiables, como explicaremos en la próxima entrega de esta serie de artículos.












Vía Xatakaciencia

¿Quiénes son más peligrosos? ¿Los de antes o los ahora? (I)

Si os basarais en el grado de seguridad y probabilidades de morir violentamente, ¿escogeríais vivir en una ciudad del Primer Mundo o en un pueblo cazador-recolector que todavía no ha entrado en contacto con la civilización?


Nuestra parte más romántica probablemente escogería un poblado conectado con la naturaleza, donde no existen películas ni videojuegos violentos, donde no hay corrupción ni ejércitos provistos de armas capaces de destruir el planeta. Sin embargo, los porcentajes son bastante elocuentes: las sociedades civilizadas resultan mucho más seguras.


Naturalmente, todo depende de los términos que establezcamos para la comparación. Si bien resulta moralmente cuestionable determinar qué es mejor: que muera violentamente el 1 % de una población de mil millones o el 50 % de una población de cien, la comparación solo será justa si la establecemos desde cifras relativas, no absolutas. Después de todo, el miedo a morir debería calcularse en base a las probabilidades de morir y no en base a la cantidad de gente que muere.



Investigar el número de muertos en grupos de cazadores-recolectores, cazadores hortícolas y otros pueblos tribales de cualquier época no resulta fácil, pues requiere de una exhaustiva recopilación de datos procedentes de la literatura antropológica e histórica, así como de datos de arqueólogos forenses, por ejemplo los que sugieran que un esqueleto prehistórico tiene lesiones producidas por otros seres humanos (una fractura en huesos cubitales, por ejemplo, la lesión que sufre una persona al defenderse del ataque de un asaltante al levantar el brazo).


Los datos inclinan la balanza hacia los pueblos con estado: son mucho más seguros que los pueblos sin estado. Todas estas estadísticas pueden leerse en gráficas llevadas a cabo con datos procedentes de diversas fuentes en el libro de Steven Pinker Los ángeles que llevamos dentro.


En el siglo XX murieron más de seis mil millones de personas. Alrededor del 0,7 % de la población mundial murió en combate. Aunque tripliquemos o cuadripliquemos el cálculo para incluir muertes indirectas por hambrunas y enfermedades debidas a la guerra, la diferencia entre sociedades con estado y sociedades sin estado sigue siendo abismal. Incluso si añadimos muertes por genocidios, purgas y otros desastres provocados por el ser humano, solo el 3 % de las muertes del siglo XX serían por causas violentas. Solo a modo de ejemplo, todas las sociedades preestatales dedicadas al una mezcla de caza, recolección tienen porcentajes de muertes violentas mucho mayores, algunas de las cuales supera el 20 %.


Hace poco, los economistas Richard Steckel y John Wallis analizaron datos de novecientos esqueletos entre cazadores-recolectores y habitantes de ciudades de las civilizaciones de los Andes y Mesoamérica, como los incas, los aztecas y los mayas. La proporción de cazadores-recolectores que mostraban signos de traumatismo violento era del 13,4 %. La proporción de habitantes de ciudades que también mostraban signos de traumatismo violento era del 2,7 %, cifra parecida a las de las sociedades estatales anteriores al presente siglo. Así, manteniendo constantes numerosos factores, observamos que vivir en una civilización reduce cinco veces las probabilidades de una persona de ser víctima de la violencia.

Estas estimaciones distan de ser precisas, pero sugieren una fuerte tendencia. En cualquier caso, en la próxima entrega de este artículo, cuantificaremos la violencia de otra forma más fiable e indiscutible, en el que el índice de asesinatos se calcula como una proporción de personas vivas y no de personas muertas.












Vía Xatakaciencia

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Vía Gizmodo ES

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Fuente: Noticias

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Vía BBCMundo.com | Curiosidades