Vía El Mundo Today
lunes, 4 de noviembre de 2013
Rajoy anuncia a los españoles que ya hay Lotería de Navidad del Congreso
Vía El Mundo Today
Un adolescente amenaza con marcharse de casa “en cuanto cumpla los 35″
Vía El Mundo Today
Encuentran arte saqueado -y odiado- por los nazis en Alemania
Vía BBCMundo.com | Curiosidades
domingo, 3 de noviembre de 2013
Imágenes insólitas de la semana, Noviembre 3, 2013
Vía Curiosidades
Lo que la gente es capaz de hacer colaborando entre sí
Últimamente no dejo de leer libros y artículos sobre las bondades de la colaboración entre iguales, la estructura en red, las redes de pares (peer-to-peer), y de cómo la idea de que vale más la pena una persona inteligente que cien borregos es solo cierta en parte: si los borregos están conectados correctamente (con diversidad, independencia, libertad), pueden alcanzar soluciones más ingeniosas para problemas complejos (obviamente, ello no sirve para todos los problemas).
Linux o Wikipedia son proyectos que existen gracias a lo que Yochai Benkler llama “producción entre iguales”, entendiendo “iguales” como personas a las que respetas, semejantes, aquellas personas cuya opinión te interesa. Ello me ha llevado a escribir artículos casi apologéticos de la creación en red, como El tornillo de la pastilla izquierda del freno de la rueda posterior de la bicicleta de Ulrich Fuchs o la incomensurabilidad de Wikipedia (I), (II), (III), (IV), (y V).
Sin embargo, cuando pensamos en creaciones tipo Wikipedia… bien, sólo se nos suele ocurrir Wikipedia o Linux. Sirva la siguiente lista de creaciones colectivas para demostrar una pequeñísima parte de todo lo que hay ahí fuera.
-SeeClickFix : Mira, haz clic, arregla. Este servicio está enfocado a informar sobre las cosas que andan mal en el barrio o incluso determinadas calles, así sus habitantes pueden interactuar para abordar problemas como una boca de riego abierta, un cruce peligroso, etc.
-FixMyStreet : Arregla mi calle. Tiene un espíritu similar a SeeClickFix, pero en el ámbito del Reino Unido. Todos los informes están a disposición de la comunidad para que puedan votarse para respaldar cada una de las quejas.
-Lánzanos, Kickstarter y otras opciones de micromecenazgo están permitiendo la financiación de proyectos que interesan a determinadas comunidades, desde proyectos tecnológicos hasta películas o series de televisión.
-BlockChalk: Paquete de tizas. Es una aplicación para iPhone para que los usuarios cuelguen notas públicas etiquetadas por dirección con los datos GPS.
-CitySourced : es una star up financiada por inversores ángel que ha llegado a un acuerdo con la ciudad de San Jose para ofrecer servicios de alta tecnología a su 311. Tal y como señala Steven Johnson en su libro Futuro perfecto:
Para millones de estadounidenses, el 311 se ha convertido en un número de tres dígitos tan básico en su teclado como el 411 (información sobre números de teléfono) o el 911 (urgencias) (…) Las prioridades no llegan desde arriba; no está constreñido por las definiciones o las categorías oficiales, sino diseñado para escuchar la voz de la calle y, a partir de lo que le dice esta voz, generar sus prioridades y sus respuestas.
-UnCivilServants: Servidores incívicos, recopila informes y fotografías de funcionarios que se saltan las normas de aparcamiento y elabora un ranking de los departamentos más incumplidores (el peor, al parecer, es la policía municipal de Nueva York).
Vistos en conjunto, todos estos puntos de recogida de información flexibles y adaptables apuntan a un logro mayor, y potencialmente revolucionario: la metrópolis de la colaboración ciudadana, la ciudad cuántica.
-Democracia líquida: como no podemos ser expertos en todos, y la verdadera democracia consiste en preguntar al pueblo, podemos emplear una arquitectura tipo Wikipedia para transferir nuestros votos hacia las personas que consideramos más expertas que nosotros sobre el tema que debemos votar, y, a su vez, dichas personas que han recibido algunos de nuestros votos pueden transferir todos sus votos a otros que consideran expertos.
Cada vez somos más los que, sin prisa pero sin pausa, vamos llegando a la conclusión de que los principios básicos del diseño de la red pueden aplicarse a la solución de otros problemas, los problemas a los que se enfrentan los barrios, los artistas, las compañías farmacéuticas, las familias o los colegios. Y en las luchas de toda esta gente se detecta una filosofía política nueva y emergente, tan distinta de las soluciones que brinda el estrado centralizado como distinta es la vieja izquierda de la religión mercantilista hiperliberal de la derecha. Las personas que están detrás de estos movimientos creen en la intervención gubernamental, pero sin estrellas de Legrand; en la información distribuida como preconizaba Hayek, pero sin los mercados tradicionales. El grito de guerra de Ron Paul que abre este capítulo era demasiado simple: el progreso no solo pasa por elegir entre individuos y estado. Hoy estamos eligiendo, cada vez más, otro camino, un camino basado en el poder de las redes.
-
La noticia Lo que la gente es capaz de hacer colaborando entre sí fue publicada originalmente en Xatakaciencia por Sergio Parra.
Vía Xatakaciencia
sábado, 2 de noviembre de 2013
Descubren el almacén secreto de un ardilla!
Vía Curiosidades
Vendedor de gas fumando!
Vía Curiosidades
Diez cosas que probablemente no sabía la semana pasada
Vía BBCMundo.com | Curiosidades
[Vídeo] Un robot volador que mapea los obstáculos tocándolos
La suspensión Cardán es un mecanismo de suspensión consistente en dos aros concéntricos cuyos ejes forman ángulo recto, lo cual permite mantener la orientación de un eje de rotación en el espacio aunque su soporte se mueva.
Empleando esta idea, un robot llamado Gimball, creado por EPFL , puede desplazarse tocándolo todo a su alrededor para ir mapeando el terreno. Dicen sus creadores que Gimball es ideal para avanzar por escenarios muy caóticos. Como una calle muy transitada de Nueva York.
Vía | Microsiervos
-
La noticia [Vídeo] Un robot volador que mapea los obstáculos tocándolos fue publicada originalmente en Xatakaciencia por Sergio Parra.
Vía Xatakaciencia
El hombre que quiso que todos los tornillos fueran iguales
Uno de los grandes logros del progreso, sobre todo en el ámbito tecnológico, reside de la idea anti-romántica y anti-artesanal de la distribución de trabajo en una cadena de montaje o de la fabricación en serie.
A todos nos gusta un objeto que se ha fabricado exclusivamente para nosotros, desde principio a fin, por unas manos expertas y abaciales. Sin embargo, ese capricho debe pagarse en forma de: más dinero, más problemas ecológicos (porcentualmente hablando) y más obstáculos para la mayoría. Es decir, justo lo que sucede con los que abogan por vivir en el campo en vez de ciudades, cada uno con su huerto orgánico.
La mejor forma de representar los problemas de la producción artesanal frente a la fabricación en serie es contando la historia de un simple tornillo. La historia se remonta a la década de 1860, cuando un tal William Sellers, que era el ingeniero mecánico más prestigioso de la época, se embarcó en una campaña para lograr que Estados Unidos adoptara un sistema normalizado de roscas (concretamente el sistema que él mismo había inventado, vaya).
Su campaña no era ningún capricho: en aquella época, cada tornillo de Estados Unidos se había fabricado a mano por un mecánico. Esta escasez de tornillos (como se fabricaban uno a uno, no había demasiados) originaba una situación de la que se aprovechaban económicamente los mecánicos.
A juicio de los mecánicos, la fabricación en masa de tornillos era una aberración, deshumanizaba los tornillos, y encima mandaría a mucha gente al paro (¿Os suenan estos argumentos? Exacto, son los que se aducen frente a cualquier innovación tecnológica que mecaniza la fabricación de un objeto, ya esté compuesto por átomos o por bits).
Es decir, que los mecánicos de la época querían mantener una escasez artificial de tornillos para tener un sustento de vida. Preferían eso a cambiar de modelo de negocio, o incluso de forma de ganarse la vida. No importaba, según ellos, el engorro de acudir a un mecánico cada vez que se quisiera arreglar o sustituir un tornillo. Tampoco importaba que eso te condenara a acudir al mismo mecánico, porque otro quizá te entregaba un tornillo con otras características.
Los mecánicos, muy románticos ellos, no deseaban que los tornillos se hicieran intercambiables, porque entonces los mecánicos también lo serían, y los consumidores empezarían a fijarse más en los precios. Pero Sellers no se sentía conmovido por esas zozobras, así que se puso a diseñar un tornillo que fuera más fácil, rápido y barato de fabricar que cualquier otro, tal y como explica James Surowiecki en Cien mejor que uno:
Sus tornillos encajaban en la nueva economía que primaba la rapidez, el volumen de producción y la reducción de costes. En vista de lo que estaba en juego, sin embargo, y teniendo en cuenta la fuerte cohesión el gremio de los mecánicos, Selles comprendió que necesitaría relaciones e influencias para afectar a las decisiones del público. Durante los cinco años siguientes se dirigió a los usuarios más influyentes, como los ferrocarriles de Pensilvania y la Armada estadounidense, dando así un primer impulso a sus tornillos. Cada cliente nuevo mejoraba la probabilidad del triunfo definitivo de Sellers. Transcurrida apenas una década, el tornillo de Sellers estaba a punto de convertirse en un estándar nacional, sin lo cual habría sido difícil o imposible inventar la cadena de montaje. En cierta medida, la de Sellers fue una de las contribuciones más importantes al nacimiento de la moderna producción en masa.
-
La noticia El hombre que quiso que todos los tornillos fueran iguales fue publicada originalmente en Xatakaciencia por Sergio Parra.
Vía Xatakaciencia