Esta es la conclusión del último estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (EEUU) y cuyos resultados se publican en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS).
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Esta es la conclusión del último estudio de la Universidad de California en Los Ángeles (EEUU) y cuyos resultados se publican en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America (PNAS).
Tomar helados u otras chucherías azucaradas para combatir la desazón tras una ruptura o desengaño amoroso no parece la mejor idea, a pesar de que digan que el chocolate es el sustituto del amor. Ni siquiera sirve la pizza.
Al menos es lo que revela una reciente investigación de la Universidad de Minnesota que ha sido publicada en la revista Health Psychology: tomar un reconstituyente en forma de alimento en realidad no hace nada. Tanto si lo tomamos como si no, luego nos sentiremos de la misma forma.
Para llegar a esta contraintuitiva conclusión, los investigadores pusieron vídeos de películas dramáticas a un grupo de 100 estudiantes universitarios, a fin de que sintieran el desazón que podían combatir con alimentos reconfortantes. La cuestión es que dicha comida solo se ofreció a 50 de los participantes. A los otros 50 se les ofreció comidas que no entraban entre sus favoritas.
Lo que sucedió es que, tras un tiempo, todos se sintieron mejor, tanto si habían consumido alimentos típicamente reconstituyentes o apetecibles como si no. Realizaron otra prueba idéntica, pero en esta ocasión al segundo grupo no se le dejó comer nada. Ambos grupos, igualmente, se sintieron mejor después de transcurrir un tiempo.
Según Traci Mann, líder del estudio:
supongo que esto elimina una justificación muy práctica que las personas tienen para comer alimentos de “confort”.
El coautor del estudio, David Levitsky, añade:
La idea de que podemos sentirnos mejor con sólo consumir ciertos alimentos es muy atractiva, pero en realidad, sentirse mejor no tiene nada que ver con la comida en sí, y es un efecto psicológico muy débil.
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Vía | Pedro Jorge
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