El Amazonas redujo a la mitad su capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera debido a la rápida velocidad con la que mueren los árboles en esta región, publicó la revista Nature.
Vía Noticias de Ecoportal
El Amazonas redujo a la mitad su capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera debido a la rápida velocidad con la que mueren los árboles en esta región, publicó la revista Nature.
Para tener una idea somera del volumen de agua que requiere la producción de algunos productos de consumo habitual, investigadores alemanes han realizado el siguiente cálculo: 10 litros para producir una hoja de papel, 35 litros para producir el té de una taza, 140 para producir el café de una taza, 150 litros para producir una manzana, 200 litros para producir un litro de leche, 2000 litros para producir una camiseta de algodón y 15.000 litros para producir un kilo de carne de vaca.
El eclipse solar de ayer fue todo un acontecimiento, particularmente seguido desde Svalbard y las islas Feroe, donde el sol quedó completamente oculto. Satélites como Proba-2 de la ESA han tenido el mejor de los escenarios para captar este espectáculo astronómico. Arriba tenéis una imagen de cómo se veía desde Europa, y más abajo un vídeo de cómo se veía desde el espacio.
En el vídeo podemos observar cómo el minisatélite Proba-2 ha usado su generador de imágenes SWAP para grabar a la Luna pasando por delante del Sol. El instrumento SWAP observa el disco solar en longitudes de onda del ultravioleta extremo, detectando la turbulenta superficie del Sol y su corona.
Vía | Sinc
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La noticia Viendo el eclipse solar desde Europa, y desde el espacio fue publicada originalmente en Xataka Ciencia por Sergio Parra .
Para ello un grupo de científicos inventó un nuevo material sólido de menor costo. Estudios previos plantean un nivel de incertidumbre al almacenamiento subterráneo del dióxido de carbono
Aunque parezca increíble y horrible, este monje Shaolin de China muestra cómo ha entrenado su cuerpo para que pueda soportar objetos muy peligrosos. En una serie de trucos, Zhao Rui mostró su osadía al...
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El otro día fui a un buffet libre que era el Año Cero de la evolución de la gastronomía. Todo está lleno de bandejas de menjunjes irreconocibles o mezclas casi cristalizadas (por el tiempo que llevaban hechas). Todo tenía aspecto de haber sido regurgitado hace una semana por una criatura infernal.
Sin embargo, había gente que llegaba, llenaba su plato con todo lo que podía y se obligaba a comer como si aquello fuera un restaurante con un puñado de estrellas Michelín. Estoy convencido de que aquella comida no sabía bien para nadie, pero no importaba: se la zampaban como si no hubiese mañana. ¿Qué extraño embrujo obraba para que los comensales estuvieran dispuestos a comer algo que haría vomitar a una cabra?
En un experimento realizado por el psicólogo Dan Ariely y la estudiante de doctorado del MIT Kristina Shampanier trataron de averiguar hasta qué punto la gente estaba dispuesta a comer alimentos de pero calidad sencillamente porque era gratuitos.
Los alimentos escogidos eran bombones de la marca Lindt de buena calidad y bombones Kisses de Hershey´s, de calidad más mediocre. Las expusieron en una parada donde se leía el siguiente cartel: “una pieza de chocolate por cliente”. Pero si el cliente se aproximaba lo suficiente, entonces descubría los distintos precios de cada tipo de bombón.
Los Lindt costaban 15 centavos. Los Hershey´s costaban 1 centavo. Alrededor del 73% de los clientes escogieron los bombones Lindt, el 27% escogió a Hershey´s. Si bien eran más baratos, por muy poco más podían disfrutar de bombones de verdadera calidad. Es decir, que los clientes hicieron una elección bastante racional.
Pero todo cambió cuando los bombones Lindt se pusieron a 14 centavos (¡todavía más baratos!) y los bombones de Hershey´s a 0. Cuando una de las opciones se presentó de forma gratuita, el cálculo racional parecía desaparecer. En realidad no había ninguna diferencia con la propuesta anterior, incluso el buen chocolate salía más económico.
En esta ocasión, el 69 % de los clientes escogieron los Hershey´s y el 31 % escogió los Lindt. No había un razonamiento coste-beneficio: sencillamente lo gratuito resultaba más tentador. Tan tentador como la posibilidad de comer todo cuanto quisieras de un buffet libre, aunque hubieras pagado un precio bajo y la comida supiera a rayos. Como explica el propio Ariely en su libro Las trampas del deseo:
Consideramos entonces que quizá el experimento podía haberse visto adulterado por la posibilidad de que los compradores no tuvieran ganas de echar mano a la cartera o al monedero para buscar suelto, o de que simplemente no llevaran dinero encima; tal efecto podría hacer artificialmente que la oferta gratuita pareciera más atractiva. Para afrontar esa posibilidad, realizamos otros experimentos en algunas de las cafeterías del MIT. Esta vez los chocolates se expusieron cerca de la caja, como si se tratara de una de las habituales promociones de la cafetería, y los estudiantes que se interesaran en los chocolates no tenían más que añadirlos a la bandeja de su almuerzo y pagarlos cuando llegaran a la caja. ¿Qué ocurrió entonces? Pues que los estudiantes siguieron decantándose abrumadamente por la opción ¡gratis!
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