Por mucho que tratemos de imaginarlo, concebir las dimensiones del universo es una tarea estéril: sencillamente las hechuras cósmicas son tan gigantescas que resultan imposibles de imaginar. Ni siquiera nos podemos acercar. Sin embargo, para empezar a asimilar cuán inabarcable es el universo existen vídeos tan ilustrativos como el que encabeza esta entrada.
Realizado por el usuario de YouTube morn1415, el vídeo muestra comparativas de tamaño entre la Luna y otros cuerpos celestes, para trasladarnos por el tamaño a escala de otros planetas y estrellas.
Desde finales de la década de 1970, las desigualdades entre ricos y el resto de la población se han ido incrementando paulatinamente. Entre 1993 y 2010, más de la mitad de la renta nacional de Estados Unidos correspondía al 1% de la población que tenía las rentas más altas.
Desde entonces, la desigualdad ha crecido mucho más deprisa. Es algo que está pasando en todos los países industrializados del mundo. Sin embargo, en el caso de Estados Unidos es todavía más sangrante, hasta el punto de que se está convirtiendo en el país más desigual del mundo.
Para que nos hagamos una idea, la desigualdad de Estados Unidos es superior a la que experimentan países como Egipto, Yemen o Túnez, y se puede equiparar a Filipinas. Tal y como abunda en ello Martin Ford en su libro El auge de los robots:
Hay estudios que indican que la movilidad económica, una medida de la probabilidad de que los hijos de familias pobres puedan ascender en la escala económica, es significativamente menor en Estados Unidos que en casi todos los países europeos. En otras palabras, uno de los valores más básicos de la cultura estadounidense (la creencia de que cualquiera puede triunfar mediante el trabajo y la perseverancia) tiene muy poca base en la realidad estadística.
También uno de los más tecnológicos
Al problema de la desigualdad, que incluye que los ricos y las organizaciones que controlan dirijan políticas del gobierno a través de grupos de presión o aportaciones económicas (evitando, por ejemplo, invertir en las infraestructuras y los bienes públicos de los que depende el resto de la población), se une el hecho de que es uno de los países más tecnológicos.
Es decir, que los ricos pueden concebir industrias que pueden prescindir, cada vez más, de la mano de obra humana, siendo sustituidas por máquinas y robots, lo que incrementa los beneficios de los dueños de las empresas, pero no la de los trabajadores, que pierden poder adquisitivo o directamente su puesto de trabajo.
Uno de los puntos a favor que tiene Estados Unidos es ser la casa de Silicon Valley, el hogar de las compañías más exitosas en el mundo de la tecnología como Google, Apple, Microsoft, Dell o AMD, entre otras. Pero estas compañías generan grandes beneficios usando cada vez menos trabajadores humanos.
Por ejemplo, los beneficios combinados de todos los comercios, cadenas de restaurantes y supermercados de la lista Fortune 500 son menores que los beneficios de Apple por sí sola, pero en Apple trabajan 76.000 personas y en los comercios, supermercados y cadenas de restaurantes trabajan 5,6 millones de personas.
Frente a lo cual parece que no deberíamos prescindir de la tecnología, sino de los políticas laborales y de distribución de beneficios, tal vez adoptando alguna clase de renta básica universal. Sobre todo en países tan profundamente desiguales como Estados Unidos.
"El gran encuentro, que espera recibir alrededor de 1500 personas de toda la Amazonía y el mundo, se realizará en Tarapoto en abril próximo. Pero ya está construyendo todo un proceso de convergencias de agendas y organizaciones sociales e indígenas que son las protagonistas principales"
Un curioso trabajo compara la biodiversidad de artrópodos en los hogares de personas de diferente poder adquisitivo.
Si tienes mucho dinero, probablemente tengas más "de todo": más ropa, más viajes, más libros… y, sí: más bichos. Esa es la sorprendente conclusión de un trabajo publicado en la revista científica Biology Letters.
Las personas que fuman, son sedentarias o beben demasiado alcohol tienen mayor probabilidad de morir debido al consumo de proteínas de origen animal, mientras que la sustitución de las carnes rojas por proteínas vegetales disminuye notablemente su riesgo, según un nuevo estudio. Lo curioso es que en individuos con un estilo de vida saludable estas relaciones no se observaron.
Este nuevo helicóptero híbrido de alta velocidad será capaz de alcanzar los 470 km/h, convirtiéndose así en el helicóptero más veloz del mundo. El helicóptero es obra de Airbus Helicopters, que también aspira a que sea más eficaz, sostenible y con mejor rendimiento que cualquier aparato actual.
También quieren que el helicóptero reduzca drásticamente sus emisiones y su huella acústica, bajo el paraguas del programa de investigación europeo Clean Sky 2. Se espera que en 2019 empiecen las pruebas en vuelo del prototipo.
El director técnico de Airbus Helicopters, Jean-Brice Dumont ha asegurado que:
con el demostrador Clean Sky 2 no tratamos sólo de volar más rápido, sino de ganar velocidad de forma más inteligente buscando el compromiso óptimo entre rentabilidad, sostenibilidad y rendimiento. Nuestro objetivo es proporcionar acceso a la velocidad y abrir la vía a nuevos tipos de misiones a partir de la década 2030, permitiendo a los ciudadanos europeos el acceso a servicios de transporte de urgencias o de puerta a puerta, allí donde más los necesiten.
Casi todos nosotros hemos visto ya lo que le pasaba al T-1000 cuando es bañado en nitrógeno líquido: sayonara, baby. Pero ¿qué sucede cuando se pone sobre otros fluidos, como gasolina, alcohol isopropílico y agua? En el vídeo que encabeza esta entrada lo podéis ver.
El nitrógeno líquido es incoloro e inodoro. El nitrógeno líquido es nitrógeno puro en estado líquido a una temperatura igual o menor a su temperatura de ebullición, que es de -195,8 °C a una presión de una atmósfera. Se produce industrialmente en grandes cantidades por destilación fraccionada del aire líquido.
A menudo, cuando debato con alguien acerca de ideas que considero radicalmente falsas o indemostradas (como el horóscopo o la homeopatía) me olvido de advertir al interlocutor de que todo son opiniones, las mías y las suyas, aunque con matices.
Yo tengo muchas opiniones. Soy humano, mi cerebro es humano. Albergo sentimientos, pálpitos, sesgos, idioteces. Tengo opiniones casi para todo porque soy humano y me gusta comunicarme con los demás, y nos comunicamos así, a través de opiniones. Con las opiniones trabamos alianzas, hacemos amigos, enemigos, y jugamos al juego social. Tengo opiniones incluso argumentadas. Podría argumentar por qué me gusta True Detective, Breaking Bad o Fargo, por ejemplo. También podría argumentar por qué no me gusta el fútbol.
Tengo también opiniones argumentadas más racionalmente que otras. Evitando en lo posible los prejuicios, los sesgos cognitivos, las querencias y manías más evidentes.
Todos tenemos opiniones. Muchísimas. También tenemos experiencias, cada uno las suyas. Pues a mí eso, pues a mí aquello. Yo pienso que todos los hombres son unos capullos porque todos los hombres de mi vida lo han sido. Cosas así. Todos tenemos opiniones. Unas más racionales que otras. Otras mejor expresadas que otras. Incluso un tronista de Hombres mujeres y viceversa tiene opiniones sobre un montón de cosas, aunque muchas de ellas me obligan a imginar cómo me practico un seppuku.
¿Todo son opiniones?
Todos son opiniones, parece. No disponemos de herramientas para saber de forma inequívoca qué opiniones son de mejor calidad que otras, salvo otras opiniones, que a su vez no pueden juzgarse en sí mismas como cualitativamente superiores. ¿O sí?
Para eso empezó a desarrollarse la ciencia hacia el 1600. Un día, un puñado de personas se dio cuenta de que las opiniones estaban genial, que los filósofos de la antigua Grecia decían cosas muy profundas y muy bien escritas. Pero nadie podía decidir quién tenían la razón de forma universal. Por eso optaron por hacer un reset: ya no se centrarían en las opiniones para formar nuevos conocimientos. No importaba si la opinión estaba escrita con mucha lírica, o si era muy racional, o incluso si estaba pronunciada por un hombre venerado a nivel intelectual, tipo Sócrates o Maradona.
No se sabe nada hasta que no se explica cómo se sabe que se sabe. Y se explica con lo anteriormente enumerado: nada de opiniones, solo experimentos.
La ciencia se basa en el menor uso de opinión posible. En ciencia solo importan los experimentos controlados que puedan ser repetidos con los mismos resultados. Los datos empíricos, las evidencias y, sobre todo, una teoría que explique la concatenación de hechos que te conducen a la conclusión. No basta con decir “oye, yo se esto”. No se sabe nada hasta que no se explica cómo se sabe que se sabe. Y se explica con lo anteriormente enumerado: nada de opiniones, solo experimentos.
Cuando un experimento nos sugiere algo, lo damos por cierto temporalmente. Y solo se refuta con otro experimento que demuestre que hay una explicación más completa o que dicho experimento contiene algún fallo.
Así es como funciona, a grandes rasgos, la ciencia. Por eso en ciencia no importa lo que piensen los científicos. La ciencia se basa en desmontar las creencias, las opiniones, las ideas. También la de los científicos. Pero la ciencia solo procede de esa forma en aquellas materias que pueden someterse al rigor del método científico. Por ejemplo, la ciencia no puede demostrar si True Detective es una buena serie de televisión, por mucho que me guste. Eso no significa que algún día no pueda hacerlo: muchos ámbitos que se creían vedados para la ciencia, gracias a los avances en los campos de la neurociencia o la genética, empiezan a ser hollados por ella.
No sé si algún día la ciencia demostrará si todas mis opiniones son correctas o incorrectas. Lo que sí sé diferenciar son opiniones de ciencia. Y sé que, a la hora de fiarme de un conocimiento cualquiera, me tengo que fiar más de la ciencia (más impersonal, más objetiva) que de las opiniones de la gente (más subjetivas, más parciales, más sesgadas).
Dicho lo cual, el horóscopo no ha podido demostrar sus supuestos. Tampoco que la homeopatía funcione más allá del placebo. Si tales supuestos se demostraran con un experimento, explicándose la concatenación de hechos que los producen, constituirían una revolución científica sin precedentes en muchas décadas. El Nobel se concedería a su descubridor, indudablemente. No hay ciencia “oficial” y ciencia “heterodoxa”. Hay ciencia que se rige por el método científico y opiniones (ya sean de científicos o de no científicos).
Me gusta True Detective, el fútbol me parece una estupidez. Son cosas que opino. Pero sé (no opino) que la homeopatía es mentira (hasta que se demuestre lo contrario, lo que, de paso, equivaldría a asumir que gran parte de la física que conocemos también estaba equivocada). Lo primero me permite disfrutar y ser feliz, lo segundo no, pero me ahorra invertir dinero y tiempo en la farmacia para que me endilguen algo que alimenta lucrativo negocio, exclusivamente. A quienes le hagan feliz las dos cosas, nada que objetar. Al fin y al cabo es su opinión.
Acudir al llanto de un hijo es un instinto innato en muchas especies, sobre todo en mamíferos. Las madres gatas, protagonistas esta semana de #Cienciaalobestia, han desarrollado hasta tal nivel sus sistemas auditivos que son capaces de evaluar el contenido emocional de las llamadas de su gatito para así ajustar su respuesta en consecuencia. Sin embargo, los padres no muestran una respuesta inmediata a las llamadas más urgentes.