La bacteria Xylella fastidiosa ha devastado ya millones de cultivos a su paso por América. En Europa, donde ha aparecido hace poco, ya ha causado pérdidas entre los olivos mediterráneos. Un equipo de científicos, con colaboración española, ha desarrollado un sistema de análisis aéreo mediante drones para identificar el patógeno antes de que aparezcan los síntomas visibles de la enfermedad.
Lo que veis aquí arriba es un grano de arroz, y a su lado el "ordenador" más pequeño del mundo. Desarrollado con investigadores de la Universidad de Michigan, mide solo 0.3 mm de lado.
¿Un ordenador?
Además de RAM y energía fotovoltaica, los nuevos dispositivos informáticos tienen procesadores y transmisores y receptores inalámbricos. Debido a que son demasiado pequeños para tener antenas de radio convencionales, reciben y transmiten datos con luz visible. Una estación base proporciona luz para la potencia y la programación, y recibe los datos.
Sin embargo, estos nuevos microdispositivos pierden toda la programación y los datos anteriores tan pronto como pierden potencia. "No estamos seguros de si deberían llamarse computadoras o no. Es más una cuestión de opinión si tienen la funcionalidad mínima requerida", ha señalado David Blaauw, profesor de ingeniería eléctrica e informática, quien dirigió el desarrollo del nuevo sistema.
Diseñado como un sensor de temperatura de precisión, el nuevo dispositivo convierte las temperaturas en intervalos de tiempo, definidos con pulsos electrónicos.
Como resultado, el ordenador puede informar de temperaturas en regiones minúsculas con un error de aproximadamente 0.1 grados Celsius. El sistema es muy flexible y podría ser adaptado para una gran diversidad de propósitos, pero el equipo se ha decantado por las mediciones de temperatura de precisión en el ámbito de la oncología: algunos estudios sugieren que los tumores están más calientes que el tejido normal, pero los datos no tienen la suficiente solidez.
Un equipo liderado por la Universidad de Barcelona ha diseñado el primer fotofármaco con potencial terapéutico para luchar contra el párkinson. El compuesto, que se activa con luz del espectro visible, ha sido probado en modelos animales. Según los autores, los fármacos fotosensibles pueden actuar con mayor precisión espacial y temporal sin generar efectos perjudiciales en el organismo.
Un hombre tirándose pedos es capaz de originar una mueca similar a lo de un yayo manipulando un smartphone de última generación y, justo a continuación, arrancar risas de diablura infantil o carcajadas desenfrenadas. Sin embargo, si el espectáculo dura varios minutos y se ejecuta con la suficiente maestría, uno puede llegar a admirarlo como quien se queda arrobado por la digitación virtuosa de un piano. O un trombón, mejor dicho.
Érase una vez, en el sur de Francia... Así podría empezar una fascinante serie de la HBO. La extraña y pluscuamperfecta historia de Joseph Pujol, conocido por todos como Le Pétomane, el Pedómano, uno de los artistas mejor pagados de principios del siglo XX.
Los primeros enemas de agua salada
Joseph Pujol se dio cuenta de que algo no funcionaba bien en su cuerpo cuando fue a la playa. De una forma muy sencilla, tomando una gran bocada de aire por la boca, su ano absorbía el agua salada, como si se aplicase un enema. La sensación no era nada agradable, pues el agua estaba fría. Algo así como introducirse un iceberg por el recto.
Joseph había descubierto esta extraña habilidad propia de un X-Men escatológico en su adolescencia, pero fue en su juventud cuando descubrió que, si se esforzaba, también podía hacer lo mismo fuera del agua. Es decir, en vez de absorber agua, era capaz de absorber aire. La técnica era muy precisa, tal y como la describe Sam Kean en su libro El último aliento de César:
Primero se inclinaba doblado, lo que dificultaba su respiración, y entonces se tapaba la nariz y la boca y contraía el diafragma, expandiendo el volumen de su abdomen. En los gases, el volumen y la presión están íntimamente relacionados: cuando uno sube, el otro baja. Por lo tanto, al expandir su abdomen necesariamente reducía la presión en su interior, creando un vacío parcial. Normalmente, cuando el diafragma hace esto, el aire corre a llenar los pulmones. Pero como Pujol se había doblado y tapado la boca, el aire no le entraba por la parte de delante, sino por la de atrás.
Cuando uno posee una habilidad cualesquiera, por muy inútil que se nos antoje, tiende a exhibirla y, sobre todo, a mejorarla. Ser el mejor en cualquier aspecto de la vida y destacar frente a nuestros semejantes es una sensación tan agradable que puede empujarnos, como pasó con Joseph, a pefeccionar su técnica, año tras año. De este modo, Jospeh logró desalojar flatulencias de hasta quince segundos, sin ninguna interrupción. Quizá quince segundos no parezca demasiado tiempo, pero tratemos de imaginaro segundo a segundo. El ruido de un pedo, así, hasta contar quince. Para conseguirlo, Jospeh absorbía hasta tres litros de aire con cada inhalación anal. Para que nos hagamos una idea de lo que suponía algo así, un adulto normal expulsa con flatulencias un litro y medio de gas al día, en aproximadamente veinte entregas. Él lo hacía todo de golpe, y usando el doble de aire.
Era algo extraordinariamente grotesco. Pero Joseph no se quedó ahí, también empezó desplegar la habilidad de alterar el tono y el volumen de sus cuescos, es decir, de tocar notas musicales empleando para ello el tramo final de su tracto intestinal. El brillo fenicio se instaló en sus ojos y, poco después, allá por 1880, se dejó crecer un mostacho muy teatral y presentó su primer espectáculo de pedos. Se buscó para ello un nombre muy gráfico: Le Pétomane (el Pedómano).
Su éxito fue modesto al principio, pero poco a poco fue ganando seguridad en sí mismo. Sobre todo al comprobar la reacción que provocaba en el público. Para mantenerse en forma, y también tener el instrumento bien limpio, se solía aplicar cinco enemas al día.
El éxito
En 1892, tras varios años ganando popularidad con aquel espectáculo granguiñolesco, Joseph tomó una decisión que lanzaría su carrera hasta límites insospechados: se presentó a una audición del Moulin Rouge, el famoso club noctuno de París que alcanzó el estatus videoclipero con la película homónima de Baz Luhrmann.
El propietario del club, con la mandíbula caída y los muy abiertos, le contrató de inmediato. Dos años después, Joseph se convirtió en el artista mejor pagado de Francia, ganando más del doble con algunas espectáculos de lo que ingresaban actores legendarios como Sarah Bernhardt. Artistas de prestigio como Renoir y Matisse se codeaban con él. Y hsata se rumoreaba que Freud llegó a colgar una foto de Joseph en la parede de su despacho.
Pero ¿qué podíamos encontrarnos si asistíamos a su show? Con algunas variantes, tras levantarse el telón, esencialmente Joseph aparecía ataviado con un esmoquin negro de satén, guantes blancos y capa roja. Era como un superhéroe, Super Cuesco. Y entonces empezaba a demostrar su habilidad de menos a más. Primero, unas sencillas imitaciones de los pedos de diferentes personas, esterotípicamente hablando. Por ejemplo, si era una tímida joven, entonces la ventosidad era breve y aguda. La suegra merecía uno más contundente. Después, sus sonidos anales trataban de recordar al sonido que emiten distintos animales, como los búhos, los gallos, los sapos, las abejas o los patos. Incluso ese chillido corto y agudo de un perro cuando le pisas la cola.
Sin embargo, el espectáculo entraba en un nuevo nivel cuando Joseph empezaba a tocar la flauta con el aire que expelía por el ano. Y alcanzaba cotas circenses al insertarse un tubo en el recto: en el otro extremo había un cigarrillo encendido con el que conseguir soplar anillos de humo por delante y por detrás al mismo tiempo. Finalmente, tras interpretar La Marsellesa con pedos, apagaba una vela a un metro de distancia, como si su trasero disparara perdigones. ¡Bang! Kean describe la reacción del público así, entre quienes podrían encontrarse prohombres como el rey de Bélgica:
Las mujeres del público, sobre todo las que llevaban corsés apretados, a veces reían tanto que se desmayaban. Una vez, un hombre sufrió un ataque al corazón. El Moulin Rouge aprovechó el caso para colocar enfermeras alrededor de la platea y poner carteles advirtiendo de lo peligroso que era el espectáculo, lo cual, naturalmente, solo hacía que la gente tuviera más ganas de verlo.
Ante tamaño despliegue de gas escatológico, uno podría llegar a pensar que un olor fétido se quedaría suspendido en el aire tras el espectáculo. Pero no era así. Joseph siempre había tratado de arrancarle la connotación escatológica al pedo. Para él, sus pedos eran un arte elevado. Además, sus flatulencias no tenían ningún olor porque eran producto de haber absorbido aire, no de la fermentación de la comida.
Hasta que sus habilidades comenzaron a decaer, algo que coincidió con el estallido de la Primera Guerra Mundial. A partir de entonces, Joseph se estableció de nuevo en Marsella, retomó su oficio de panadero y se dedicó a cuidar de su familia.
El faro de Tridrangar, frente a la costa de Islandia, se encuentra a una altitud de unos cuarenta metros sobre el embravecido Océano Atlántico Norte. Es difícil imaginar un lugar más aislado que esta astilla de la civilización al borde del mundo, sobre un acantilado de piedra, desde el que se divisan impresionantes vistas.
El faro se encuentra en el más alto de tres cercanos islotes. Desde cierto ángulo podría parecer que la roca donde se asienta el faro, llamada Háidrangur, es aguda, sin embargo es bastante plana y ancha. La única forma de llegar allí es en helicóptero, por si las condiciones de aislamiento no fueran suficientes, el helicóptero necesita para volar tiempo despejado y en calma, algo que en esta parte del mundo no es frecuente.
El faro de Tridrangar, en la isla de Westman, frente a la costa de Islandia fue construido en el lejano 1939, cuando aún no se utilizaban los los helicópteros, por lo que la construcción del faro en lo alto de un acantilado casi impenetrable fue una taera muy difícil de realizar en esta parte del mundo, sobre el bravo Atlántico Norte.
Árni G. Þórarinsson, director del proyecto de construcción del faro, contó en una antigua entrevista como se gestó la proeza:
"Antes empezar tuvimos que hacer un camino hacia la cima del acantilado. Para realizar este camino fuimos ayudados por experimentados escaladores de las islas Vestmannaeyar. Usamos taladros, martillos, cadenas y abrazaderas para sujetar las cadenas al camino. Muy cerca de la cima no había forma de llegar, entonces uno de los escaladores se arrodilló, el segundo trepó a su espalda, y el tercero trepó sobre los dos y solo entonces se pudo alcanzar la cima. Es difícil para mí transmitir cómo me sentí cuando vi este procedimiento increíblemente peligroso"
Antiguamente, en esta isla-roca de difícil acceso, vivían fareron que se ocupaban del mantenimiento del faro y que, alternativamente, se sucedían entre sí. Durante muchas décadas seguidas, los trabajadores viajaban hasta la base del islote en barco y subían hasta el faro tras una difícil subida entre las rocas.
Hoy el faro es completamente automático. Trabajadores de mantenimiento viajan hasta el faro para realizar trabajos de mantenimiento o arreglar posibles averías.
El piloto Gisli Gislason publicó un excelente video desde el helicóptero, cuando junto con el equipo se acercó a la isla.
Un equipo de trabajadores pasó la noche en la isla y quedó encantado con la vista que se abre desde la isla. Los chicos revisaron el equipo y el estado del faro, realizaron la prevención de baterías solares y sistemas eléctricos.
Este lugar tan especial inspiró a la reina de suspense islandesa, la escritora Irsu Sigurdardottir, usándolo en su novela "¿Por qué mentiste?"
Científicos de la Universidad Autónoma de Madrid han descubierto un material en forma de láminas de espesor atómico, denominado antimonene. Tiene una estructura similar a la del grafeno, pero en lugar de átomos de carbono está compuesto por átomos de antimonio. Los resultados son prometedores para el desarrollo de dispositivos de almacenamiento energético más eficientes.
Un equipo de científicos ha desarrollado un nuevo método para formar materiales mineralizados con potencial para regenerar tejidos duros como el esmalte dental y el hueso. El estudio, publicado en Nature Communications, demuestra que se pueden crear este tipo de materiales con una precisión y orden sin precedentes. Estos elementos tienen el aspecto del esmalte dentario y se comportan en el resto de sus propiedades como tal.
No es la primera vez que aludimos al libro del extraordinario divulgador Sam Kean por estos lares. Lo vimos con La cuchara menguante y también con El pulgar del violinista. Su prosa, y sobre todo su forma de hilvanar historias conectando conocimientos procedentes de diversas disciplinas, es fresca, cercana e hipnótica.
Por ello no podíamos perdernos su última obra: El último aliento de César, donde Kean es capaz de sacar oro de una tema aparentemente baladí: explicar los gases que nos rodean. Y lo hace, como siempre, de forma magistral.
Gases
De entre los sixtillones de moléculas que entran o salen de tus pulmones en este momento, algunas podrían contener trazas de los perfumes de Cleopatra, gas-mostaza del ejército nazi, partículas exhaladas por dinosaurios o emitidas por la bomba atómica, e incluso restos de nebulosa del origen del universo. Mientras investiga los orígenes y los ingredientes de nuestra atmósfera, Kean revela cómo la alquimia del aire modeló la forma de nuestros continentes, guió el progreso humano, alimentó revoluciones, y continúa siendo una gran influencia en todo aquello que hacemos.
Un libro tan rico, naturalmente, ha sido inspiración para algunos de los artículos que publicamos en Xataka Ciencia, como:
"Lástima que correos no sea tan preciso como el servicio meteorológico", venía a decir Doc Brown en Back to the Future II cuando es capaz de saber exactamente en qué instante dejará de llover. Sin embargo, lo más probable es que el servicio de correos acabe siendo mucho más preciso que el servicio meteorológico.
Porque predecir el tiempo es una empresa demasiado compleja. Con todo, hubo un tiempo en que nos empeñamos en conseguirlo. Y para ello llevamos a cabo un plan extravagante.
Computadoras humanas
La idea de usar computadoras humanas para la previsión del tiempo tuvo su origen a principios del siglo XX, cuando el matemático inglés Lewis Fry Richardson concibió un plan faraónico para crear el centro de previsión del tiempo definitivo. Lo explica así Sam Kean en su libro El último aliento de César:
Este consistiría en una suerte de cúpula esférica de varios pisos de altura dentro de la cual se sentarían las computadoras en filas. La superficie interior de la cúpula estaría pintada con un mapa del mundo, con el Ártico en lo más alto y la Antártida en la base, y dúa tras día las computadoras de Richardson examinarían listas de números y calcularían datos.
Los cálculos se basarían en siete ecuaciones que Richardson usaba para modelar la atmósfera, y cada trabajador se centraría en un aspecto concreto del tiempo atmosférico de alguna parte específica del mundo. Cada empleado enviaría entonces sus datos recogidos minuciosamente a través de tubos neumáticos hasta una controladora maestra (sí, era una mujer) situada en el centro.
Richardson estimó que necesitaría 64.000 computadoras para proporcionar previsiones a tiempo real, lo que nos lleva a imaginar todo un estadio de la liga de fútbol lleno de personas echando números y murmurando. Pero para demostrar que la idea funcionaba, al menos en teoría, Richardson ejecutó una prueba piloto en 1916.
El proyecto fue un completo fracaso, pero la siguiente generación de meteorólogos volvió a entusiasmarse con la posibilidad de predecir el tiempo con la llegada de los ordenadores digitales durante la década de 1940. Más tarde, la teoría del caospuso de manifiesto la futilidad de intentar predecir el tiempo de un modo siquiera remotamente preciso. Al menos, no con mucha antelación.
Leer tiene muchas ventajas. Y, si bien todos leemos hoy en día, no es lo mismo leer la etiqueta del champú, un Whatsapp o el artículo de una revista que un libro.
Es lo que sugiere un nuevo estudio en la revista Social Science and Medicine: que leer incluso puede hacer que vivas más tiempo, y si son libros, entonces el impacto es mucho mayor.
Lectura y longevidad
Investigadores de la Universidad de Yale preguntaron a 3.635 participantes mayores de 50 años sobre sus hábitos de lectura. A partir de esos datos, dividieron la cohorte en 3 grupos: no lectores, personas que leen menos de 3,5 horas por semana y personas que leen más de 3,5 horas por semana.
Los investigadores siguieron con cada grupo durante 12 años. Las personas que más leyeron fueron mujeres con educación universitaria en el grupo de mayores ingresos.
Ambros grupos de lectores vivieron más tiempo. Los lectores que leen más de 3,5 horas por semana vivieron 23 meses más que las personas que no leyeron nada. Esa vida extendida se aplica a todos los participantes de la lectura, independientemente de los factores de "género, riqueza, educación o salud", explica el estudio.
Eso es una reducción del 20% en la mortalidad creada por una actividad sedentaria. Además, leer libros era más eficaz, quizá porque ello requiere mayor dosis de concentración y mayores facultades cognitivas. En comparación con los lectores que no leen libros, los lectores de libros tenían una ventaja de supervivencia de 4 meses, a la edad en que el 20% de sus pares falleció. Los lectores de libros también experimentaron una reducción del 20% en el riesgo de mortalidad durante los 12 años de seguimiento en comparación con los lectores sin libros.
Quizá no es que leer libros aumente la longevidad, sino que los más longevos son los que tienden a leer libros. Sin embargo, la actividad requiere una implicación tal del cerebro, tanto a nivel cognitivo como emociona, que acaso pudiera afectar positivamente a la salud, reduciendo también el estrés y aumentando la inteligencia emocional.