viernes, 11 de enero de 2013

¿Las cosas son cada vez más baratas o más caras? ¿Qué sería preferible? (y II)

Como señalábamos en la anterior entrega de este artículo , despilfarrar puede incentivar el abaratamiento de los productos, pero tiene otras consecuencias que no debemos obviar: el coste medioambiental.


Si el plástico es muy barato es porque se consume mucho, pero a su vez el plástico crea serios problemas ecológicos en el mar: tal vez es que no hemos puesto el precio adecuado al producto, es decir, uno que tenga en cuenta tanto la demanda como también el coste medioambiental (o efectos externos negativos).


Como señala Anderson: “una generación comenzó a reciclar. Nuestra actitud ante la abundancia de recursos pasó de la psicología personal (“para mí es gratis”) a una psicología colectiva (“para nosotros no es gratis”).



Finalmente, la ecuación resulta mucho más difícil de lo que parece. En pocas palabras: si confiamos en la bondad colectiva de la gente para que se recicle, pecaremos de exceso de confianza: la gente necesita incentivos. Un incentivo sería, por ejemplo, incrementar el coste de determinados productos. Pero ese incremento también puede influir en la demanda, y una demanda menor también puede provocar un incremento del precio, que a su vez influye negativamente en la demanda y, finalmente, la sal vuelve a usarse como moneda.


Es decir: los cerebros creativos no buscan soluciones para producir más porque hay menos consumo. Por otro lado, un precio demasiado bajo puede tener costes medioambientales irreversibles. Así que poner un precio se convierte en algo tan delicado como una operación de neurocirujía.


Según esta visión optimista, el límite de la producción agrícola parece lejano. Sin embargo, hay otros analistas que son más pesimistas, como por ejemplo Edward O. Wilson, que en su libro Consilience apunta que, si bien sólo se está cultivando una pequeña parte de la superficie de la Tierra, por ejemplo, ello ya incluye la parte más cultivable: la mayor parte restante tiene un uso limitado, o ninguno en absoluto. Y los cultivos actuales ya están empezando a degradarse, como han concluido edafólogos expertos.


Así pues, en el tema de la ecología, el optimismo que plantea Ridley o Anderson quizá no sería una buena estrategia a seguir. Y, en todo caso, en ecología, como en medicina, es un error rechazar por alarmista una preocupación: un diagnóstico positivo falso es una inconveniencia, pero un diagnóstico negativo falso puede ser catastrófico. Si hay que apostar, quizá es más apropiado apostar por la cautela.


Si por el contrario confiamos en nuevas prótesis técnicas para paliar la escasez de recursos, entonces el problema se irá agravando, requiriendo nuevas prótesis más tecnológicamente avanzadas. ¿Hasta dónde podremos llegar? ¿La espiral es infinita?


Aunque probablemente no tenemos elección. Vivir de otro modo es difícil porque estamos diseñados para consumir, tal y como desarrollé ampliamente en ¿Somos ahora más materialistas y despilfarradores que antes? El consumo, después de todo, es una de las grandes fuerzas que podría, por ejemplo, alentar a la especie humana a buscar otros mundos. Frenarlo podría condenarnos a perecer en los confines reducido de la Tierra.


La respuesta a todas estas cuestiones, pues, no parece fácil. Pero quizá tener en cuenta algunos de estos datos nos provenga de mejores herramientas intelectuales para ofrecer soluciones maduras y realistas al problema de la escasez, la abundancia, el consumo conspicuo y el futuro medioambiental del planeta. Huyendo, en la medida de lo posible, de la posiciones extremas y ridículas, como la del hippie guay o la del economista liberal que sostiene que todo se arreglará espontáneamente gracias a la ley de la oferta y la demanda.












Vía Xatakaciencia

¿Las cosas son cada vez más baratas o más caras? ¿Qué sería preferible? (I)

A pesar de lo contraintuitivo de esta idea (cuanto más consumimos, menos recursos finitos hay disponibles y, en consecuencia, los recursos son más caros), consumir más no implica necesariamente consumir más caro a largo plazo. También puede significar que las cosas son cada vez más baratas.


Esto es posible porque, al haber más consumidores, también hay más cosas, y al haber más consumidores dispuestos a consumir, también hay más personas dispuestas a crear productos que la gente pueda consumir.


Finalmente, acaban existiendo muchos más cerebros persiguiendo formas eficientes para producir más. (Algo similar a lo que ya ocurre con el consumo de alimentos: cuanta más demanda hay, más descubrimientos se realizan a fin de multiplicar los alimentos, incluso en situaciones en los que parecía que ya no quedaba nada más que comer: podéis leer más en profundidad estos casos en El día en que la escasez de caca de pájaro casi acaba con la humanidad ).



La idea de que las cosas cada vez son más baratas adquirió una patina de apuesta de casino cuando el biólogo poblacionista Paul Ehrlich y el economista Julian Simon apostaron públicamente en septiembre de 1980 sobre el futuro de los precios de determinados productos.


En las páginas del Social Science Quarterly fueron recogidos los términos de la apuesta: Simon apostaba 10.000 dólares a que “el precio de las materias primas no controladas por el Gobierno (incluyendo cereales y petróleo) no subiría a largo plazo”. Erlich aceptó, apostando por justo lo contrario. La fecha límite para comprobar quién había ganado sería el 29 de septiembre de 1990, diez años después. Ehrlich pudo escoger metales para monitorizar sus precios: cobre, cromo, níquel, estaño y tungsteno.


La apuesta, tras descontar la inflación, fue ganada por Simon. Los precios no habían subido, a pesar de que la demanda sí lo había hecho: la población mundial, en esos diez años, se incrementó en más de 800 millones de personas, el mayor incremento en una década de toda la historia. Pero el cromo había pasado de vale 3,90 dólares la libra a valer 3,70. El estaño, que estaba a 8,72, pasó a 3,88.


Las razones de que Simon ganara la apuesta las amplía el editor de Wired Chris Anderson en su libro Gratis:


si un recurso se vuelve demasiado escaso y caro, suministra un incentivo para buscar un sustituto abundante, que desvía la demanda del recurso escaso (como la actual carrera por encontrar sustitutos del petróleo). Simon creía, y con razón, que el ingenio humano y la curva de aprendizaje de la ciencia y la tecnología tenderían a crear nuevos recursos con más rapidez de lo que los usamos.

A pesar de la victoria de Simon, sin embargo, la gente, en general, sigue pensando que tácitamente Elrich tiene razón. Quizá no ahora, pero acabará pasando (una idea que, por cierto, se lleva repitiendo desde hace más de un siglo y que siempre se queda obsoleta en cuanto se establece una fecha para el fin de los recursos).


Tal vez influya el hecho de que nuestra táctica de supervivencia reside en centrarnos en el riesgo de quedarnos sin provisiones, y resulta contraintuitivo aceptar que, tal y como están las cosas, una forma lícita para evitar la escasez consista precisamente en consumir más.


El problema es que una vez que algo se vuelve abundante, tendemos a ignorarlo, como ignoramos el aire que respiramos. Hay una razón por la que la economíaa se define como la ciencia del “reparto óptimo de recursos escasos”: en la abundancia no hay que tomar decisiones, lo cual significa que no tienes que pensar en ella en absoluto. Lo podemos apreciar en ejemplos de todo tipo. El antiguo profesor de ingeniería de la Universidad de Colorado, Peter Beckmann, señaló que “Durante la Edad Media, en algunas partes de Europa sin acceso al mar, la sal solía ser tan escasa que se utilizaba como “moneda”, al igual que el oro. Veamos lo que sucede ahora: es un condimento que se da gratis con cualquier comida, ya que es demasiado barata como para medirla.

En la próxima entrega de este artículo seguiremos abundando en ello.












Vía Xatakaciencia

Una serpiente intentó viajar aferrada al ala de un avión

Las pitones suelen ocultarse en lugares cerrados, pero en este caso, el desafortunado reptil fue sorprendido en pleno vuelo de un avión de la aerolínea australiana Qantas, luchando infructuosamente por aferrarse a él.



Vía BBCMundo.com | Curiosidades

jueves, 10 de enero de 2013

Una roca es un reloj

Investigadores de la Universidad de California en Berkeley (EE UU) han creado un nuevo reloj atómico que puede medir el tiempo con la masa de un átomo, y viceversa. El desarrollo de este dispositivo, cuyo mecanismo se presenta esta semana en la revista Science, puede ayudar a definir mejor el concepto de kilogramo.



Fuente: Noticias

Un ‘robot’ molecular actúa como los ribosomas

Una molécula diseñada en el laboratorio por investigadores británicos es capaz de realizar las funciones de un ribosoma, la fábrica de proteínas de la célula. Las capacidades de este compuesto artificial todavía quedan lejos de su análogo natural, pero ya puede unir aminoácidos y formar pequeños péptidos. El hallazgo se publica esta semana en la revista Science.



Fuente: Noticias

La política de hijo único en China ha forjado jóvenes inseguros, pesimistas y nerviosos

China introdujo en 1979 una medida de control de la natalidad por la que las parejas tan solo deben tener un hijo. Científicos de tres universidades australianas explican en un estudio publicado en Science que esta medida ha afectado a la personalidad de estos “pequeños emperadores”.



Fuente: Noticias

Susan Solomon, premio FBBVA Fronteras del Conocimiento en la categoría de Cambio Climático

La catedrática del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, por sus siglas en inglés) Susan Solomon ha sido galardonada con el premio Fundación BBVA Fronteras del Conocimiento por establecer las conexiones entre atmósfera, clima y actividad humana.



Fuente: Noticias

Miden por primera vez la parte menos caliente de una estrella distinta al Sol

Un equipo internacional, con participación de la Universidad Autónoma de Madrid, ha descrito la ‘región de mínima temperatura’ de Alfa Centauri A, una estrella a poco más de 4 años luz de la Tierra. La medida es fundamental para el conocimiento de las atmósferas estelares y representa la primera que se hace a una estrella distinta al Sol.



Fuente: Noticias

Cómo no amargarse la vida


El principal enemigo del psicólogo cognitivo es el neuroticismo, es decir, “amargarse la vida mediante la tortura mental”. O dicho de otro modo, el “malvivir” autoprovocado. Es lo que asegura Rafael Santandreu en el libro “El arte de no amargarse la vida” (Oniro, 2012), escrito bajo la firme convicción de...











Vía MuyInteresante.es

Un tigre sacudiéndose el agua, foto del año de National Geographic

Los excelentes fotógrafos de National Geographic consiguen imágenes increíbles, por eso cada que puedo compro una revista de National Geographic para apreciar su excelente trabajo. Aquí una foto del año: Un tigre sacudiéndose el agua.



Vía Curiosidades