viernes, 15 de febrero de 2019

Un millón de euros para impulsar un fármaco contra el cáncer por amianto

La compañía barcelonesa Aromics ha recibido financiación de Comisión Europea para acelerar la etapa preclínica regulatoria de un compuesto para el tratamiento del mesotelioma maligno, un cáncer agresivo vinculado a la exposición al asbesto y muy resistente a los tratamientos actuales.



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Libros que nos inspiran: 'Compórtate: la biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos', de Robert Sapolsky

Libros que nos inspiran: 'Compórtate: la biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos', de Robert Sapolsky

Estamos ante un mamotreto de casi mil páginas. No es precisamente un volumen fácil de transportar. De hecho, tarda en arrancar, y en ocasiones es denso y digresivo. Sin embargo, Compórtate: la biología que hay detrás de nuestros mejores y peores comportamientos es uno de los mejores libros de ciencia que he leído en mucho tiempo (según el Wall Street Journal, el Washington Post y el New York Time, de hecho, es el mejor libro de ciencia publicado en 2017.

Un estudio enciclopédico de la conducta humana

Robert Sapolsky es profesor de ciencias biológicas y de neurología en la Universidad de Stanford e investigador asociado en el Museo Nacional de Kenia. Ha recibido numerosos premios, como la beca MacArthur, el Premio Presidencial de Jóvenes Investigadores de la Fundación Nacional de Ciencias, y el premio al Investigador Joven del Año. Como neuroendocrinólogo, centró su área de investigación en los problemas de estrés y la degeneración neuronal, así como en las posibilidades de las estrategias de terapia génica para la protección de las neuronas sensibles a la enfermedad.

En este libro, sin embargo, pone sus miras mucho más allá. Incluso se atreve a abordar temas espinosos, desde políticos hasta raciales, pasando por el sistema penitenciario o la crianza de los niños. A pesar de su atrevimiento, sin embargo, no suele verter afirmaciones apodícticas, sino mostrar cómo se ha progresado científicamente en tales asuntos, qué datos tenemos, qué opiniones hay, qué casos se han exagerado o minusvalorado... Raramente, pues, se posiciona. Y eso es genial.

Un libro, en definitiva para reflexionar. Algunas de sus frases, e incluso de sus páginas, deberían estamparse en camisetas o colgarse de la pared del despacho para no olvidarlas nunca. Un libro que tira por tierra muchas ideas erróneas que tenemos sobre nuestro comportamiento y el de los demás. Sober todo el de los demás. Un conjunto de saberes con aires de enciclopedia de la naturaleza humana. Un pequeña gran obra maestra que nos ha inspirado para escribir textos como Las palabras que oímos influyen en nuestros juicios morales.

Un examen minucioso del comportamiento humano y una respuesta a la pregunta: ¿por qué hacemos las cosas que hacemos? Sapolsky analiza los factores en juego, desde el momento previo hasta los factores arraigados en la historia de nuestra especie y su legado evolutivo. Partiendo de una explicación neurobiológica (¿qué sucedió en el cerebro de una persona un segundo antes de que se comportara así?, ¿qué visión, sonido u olor hicieron que el sistema nervioso produjera ese comportamiento?), pasamos a pensar en el mundo sensorial y la endocrinología: ¿cómo fue influenciado ese comportamiento por cambios estructurales en el sistema nervioso durante los meses anteriores, por la adolescencia, la infancia y la vida fetal de esa persona, e incluso por su composición genética? Y, más allá del individuo, ¿cómo dio forma la cultura al grupo de ese individuo, qué factores ecológicos milenarios formaron esa cultura? El resultado es uno de los recorridos más deslumbrantes de la ciencia del comportamiento humano jamás propuestos, que puede responder a muchas preguntas profundas y espinosas sobre el tribalismo y la xenofobia, la jerarquía, la competencia, la moral y el libre albedrío, la guerra y la paz.

  • Editorial Capitán Swing
  • ISBN: 978-84-948710-6-1
  • 984 páginas
  • Tamaño: 14,3x22,5 cm
  • Encuad: Tapa dura

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Vía Xataka Ciencia

La depresión podría acelerar el envejecimiento cerebral

La depresión podría acelerar el envejecimiento cerebral

La depresión se ha relacionado durante mucho tiempo con ciertos problemas cognitivos, y la depresión en la etapa avanzada de la vida incluso puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. Sin embargo, cómo la depresión podría dañar la cognición no está claro.

Las células cerebrales se comunican mediante las denominadas sinapsis. En general, la buena cognición está vinculada a más sinapsis. Con el deterioro cognitivo, esas uniones se encogen y mueren gradualmente. Pero hasta hace poco, los científicos solo podían contar las sinapsis en el tejido cerebral recolectado después de la muerte.

Menos sinapsis

Investigadores de la Universidad de Yale han usado una nueva técnica para explorar los cerebros de personas vivas, descubriendo que los pacientes con depresión tenían una menor densidad de sinapsis que las personas sanas de la misma edad.

Cuanto más baja es la densidad, más severos son los síntomas de depresión, particularmente los problemas de atención y la pérdida de interés en actividades que antes eran placenteras. Esto se produce en rangos de edades que incluyen personas demasiado jóvenes para que cualquier cambio cognitivo.

Aun así, el envejecimiento cognitivo normal es un proceso complicado que involucra otros problemas de salud, como una enfermedad cardíaca que retarda el flujo de sangre en el cerebro. Podría ser que la depresión, en lugar de empeorar el declive sináptico. Además, se trata de un estudio es pequeño, aún queda trabajo por hacer, pero las pistas son interesantes. De ser así, tratar la depresión debería ser algo perentorio, antes de que el cerebro envejezca por ello.
Imagen | Ondřej Šálek

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Vía Xataka Ciencia

Las palabras que oímos influyen en nuestros juicios morales

Las palabras que oímos influyen en nuestros juicios morales

Lo que para unos es un golpe de estado otros es un mandato democrático, como podemos ver estos días. Lo que para unos puede ser un terrorista, para otros es un luchador por la libertad.

Llamar a las cosas por su nombre es importante, no solo a nivel cosmético, sino también moral. Porque, como demostraron Daniel Kahneman y Amos Tversky en una investigación ganadora del Premio Nobel, la estructuración de las palabras altera la toma de decisiones.

El poder de las palabras

La moral asociada a las palabras influye no solo en cómo percibimos la moral, sino incluso en cómo nos percibimos a nosotros mismos y a los demás, a niveles incluso neurobiológicos, como sugirió un estudio reciente.

Así, describir a alguien como "afroamericano" provoca asociaciones con niveles más altos de educación e ingresos que si se le describe como "negro".

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Volviendo a la investigación de Kahneman y Tversky, las personas no toman las mismas decisiones a la hora de tomar un fármaco hipotético si se les dice "tiene un 95 % de índice de superviviencia" o "tiene un índice de mortalidad del 5 %".

No es que las personas no supieran usar las matemáticas, porque ante la primera indicación todos era más probable que aprobaran su uso, incluso si se preguntaba a médicos. Es que, sencillamente, no se asimilaban las cifras de la misma manera. No producían los mismos efectos psicológicos.

Las palabras incluso tienen pequeños efectos en el comportamiento cotidiano a nivel casi subliminal, como explica el profesor de Neurología de la Universidad de Stanford Robert Sapolsky:

Incluya "rudo" o "agresivo" (frente a "considerado" y "educado") en una cadena de palabras, e inmediatamente después los sujetos interrumpen mucho más a los demás. A los sujetos que se les incluía la palabra "lealtad" (en lugar de "igualdad") mostraban una preferencia hacia su equipo en los juegos económicos.

Incluso el hecho de usar nombres masculinos para los huracanes en vez de femeninos influye en cómo las personas, porcentualmente, deciden tomar medidas de seguridad: inconscientemente, frente a huracanes de nombre masculino, se tiende a tomar más seriamente y a obedecer las órdenes de evacuación, como sugiere otro estudio.

Para llegar a esta conclusión, se analizaron los huracanes y las víctimas producidas por los mismos en el intervalo de 1950 hasta 2012. De los 47 huracanes más letales, los femeninos tuvieron el doble de víctimas que los masculinos: 45 frente a 23. Si el nombre femenino es particularmente dulce, entonces las víctimas se pueden triplicar, como es el caso de Charley o Eloise.

Como concluye Sapolsky:

Las influencias verbales también influyen en la toma de decisiones morales. Tal como sabe cualquier abogado procesalista, los juradores deciden de forma diferente dependiendo de lo colorida que sea su descripción de los actos del acusado. Los estudios de neuroimagen muestran que una redacción más colorida aumenta la participación de la región cingulada anterior. Además, la gente juzga las transgresiones morales más severamente cuando se describen como "erróneas" o "inapropiadas" (en lugar de "prohibidas" o "reprobables").

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jueves, 14 de febrero de 2019

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Este robot puede explorar su entorno al azar y volver a casa automáticamente, sin GPS ni mapas, únicamente equipado con una brújula celeste, lo cual lo convierte en el primero de su clase.

Inspirado en las hormigas, este robot andante abre nuevas estrategias de navegación en vehículos autónomos y robótica bionspirados.

AntBot

El nuevo robot diseñado por los investigadores del CNRS y la Universidad de Aix-Marsella (AMU), llamado AntBot, emula la forma de navegación de las hormigas del desierto de Cataglyphis.

Estas hormigas usan una especie de "brújula celeste" para orientarse utilizando la luz polarizada del cielo y la distancia recorrida, medida simplemente contando pasos e incorporando la velocidad de movimiento relativa al Sol medido ópticamente por sus ojos.

Con estas capacidades, AntBot, de 2,3 kg y seis pies para una mayor movilidad, puede explorar su entorno y regresar por sí solo a su base, con una precisión de hasta 1 cm después de haber cubierto una distancia total de 14 metros. La brújula óptica desarrollada por los científicos es sensible a la radiación ultravioleta polarizada del cielo. Esta brújula se compone de solo dos píxeles coronados por dos filtros polarizados que se convierten en equivalentes a un sensor óptico compuesto de dos filas de 374 píxeles.

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En  junio de 2018 una tormenta de polvo dejó inutilizable el vehículo Opportunity en el valle Perseverancia de Marte. Desde entonces, la NASA ha intentado sin éxito contactar con el rover, hasta esta semana, cuando ha decidido dar por completada su misión, una de las más exitosas en el planeta rojo.



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Agua con limón, ¿realmente ayuda a adelgazar?

Agua con limón, ¿realmente ayuda a adelgazar?

La dieta del agua con limón promete activar nuestro metabolismo, modificar nuestro pH, limpiar nuestras toxinas y mejorar enormemente la velocidad con la que vamos a perder peso. ¿Por qué? Ahí está el quid de la cuestión.

Sin embargo, la falta de explicación no ha frenado ni un ápice el que esta nueva moda se haya inflamado como la pólvora, extendiéndose por Internet a una velocidad vertiginosa. ¿Pero, qué hay detrás de ella?

¿De dónde viene la dieta del agua con limón?

Probablemente, la primera dieta que popularizó la limonada (el agua con limón) como agente principal fue la conocida como Master cleanse, una dieta que sustituye todos los alimentos sólidos por té y agua con limón, sirope de arce y cayena. A partir de esta dieta, que fue vista por primera vez en 1976, en The Master Cleanser, de Stanley Burroughs.

Ya en tiempos más modernos, varios autores, ninguno dietista/nutricionista, por cierto, han rescatado esta "dieta" con modificaciones y afirmaciones completamente infundadas al respecto. Actualmente, la mayoría de "beneficios" recogidos en las oscuras salas de Internet aseguran que "un vaso de agua con limón en ayunas ayuda a activar el metabolismo", que "la sangre alcalina es buena para eliminar toxinas (sic)" o que "los nutrientes aportados por el cítrico son beneficiosos para el organismo".

De estas tres, escogidas de manera general ya que resumen los todopoderosos beneficios atribuidos a la limonada casi por completo, solo la primera habla de la cuestión con la que comenzábamos: perder peso. La dieta, en concreto, como explicábamos, sustituye todos los alimentos por esta bebida durante, al menos 10 días seguidos, junto con el té y agua con sal, convirtiéndose en una dieta hiperrestrictiva, hipocalórica extrema y, en definitiva, terriblemente peligrosa.

Claro que funciona, ¿cómo no va a funcionar?

Si dejamos de comer y solo bebemos limonada, no hace falta hacer ningún estudio para entender que en apenas una semana perderemos peso. La cuestión es a qué precio. La dieta del agua con limón es una de las dietas milagrosas de manual. Promete una pérdida rápida, sin apenas esfuerzo. A cambio, lo que obtendremos a largo plazo es un terrible efecto rebote eso si no sufrimos otros efectos secundarios.

Por ejemplo: fatiga, náuseas, mareos, pérdida de masa muscular y un mayor riesgo de ataque cardíaco. Si se vuelve un hábito consistente, la dieta del agua con limón puede terminar por producirnos una malnutrición importante ya que la limonada, prácticamente, no nos aporta casi nada aparte de algunas pocas sales minerales (y sodio y potasio en exceso), azúcares libres, algo de vitamina C y otros antioxidantes en cantidades ridículas.

Activadora, detox, alcalinizante y otros superpoderes inventados

A partir de la dieta de Burroughs, otros se han subido al carro usando y aprovechando los principios propuestos por el agua con limón. Un ejemplo perfecto es la moda de tomar el agua con limón en ayunas. Este cómodo sustituto al ayuno completo promete ayudar a adelgazar. Su base es que el limón, en ayunas, "activa" las mitocondrias, el orgánulo encargado de quemar grasa y producir energía.

No existe ninguna evidencia de esto, o de que mejore el metabolismo ni de nada por el estilo. Esta es una idea sin fundamento, y, por tanto, podemos considerarla una afirmación falsa. Otra habilidad atribuida al zumo de limón es la de detoxificar el cuerpo. Esto se produciría gracias a los increíbles poderes de los flavonoides, la vitamina C o cualquier otro componente del cítrico.

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Pero, por desgracia, tampoco funciona. En primer lugar, porque las toxinas producidas por el cuerpo humano no existen. Los productos de desecho, sin embargo, sí que se excretan, pero no hace falta la ayuda de ningún zumo de limón ni nada por el estilo. De hecho, tampoco hay evidencias de que este ayude en la eliminación (de forma significativa) de las sustancias de desecho. Por último, hay quien afirma que tomar el zumo de limón en ayunas, o lo largo del día (esto varía según quien defienda la dieta), ayuda a alcalinizar la sangre.

En primer lugar, el limón es ácido. El ácido ascórbico (la vitamina C), el ácido cítrico, los principales modificadores del pH en el zumo de limón, son, como su nombre indica, ácidos. ¿Cómo podría modifican el pH de la sangre para ser justo lo contrario, alcalina? No existe ningún tipo de indicio, y mucho menos evidencia, de que tomar zumo de limón aumente el pH de la sangre. Es algo prácticamente imposible, gracias al cielo. El pH sanguíneo es bastante delicado y muchas de las funciones de transporte de nutrientes, o de oxígeno, dependen de ligeros cambios en este pH.

Un ejemplo es el efecto ácido que tienen los músculos cuando están en plena acción, lo que produce una liberación más sencilla del oxígeno, lo que ayuda a mantener la actividad muscular. ¿Entonces contrarrestaríamos los efectos de una hora de ejercicio intenso gracias a un vaso de zumo de limón? Parece poco probable y, desde luego, nada nos indica que esto sea así.

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Además de todo lo anterior, al zumo de limón se le ha atribuido un excelente poder saciante, gracias a las pectinas, a pesar de que casi la totalidad de esta fibra (que se usa como gelificante) se encuentre en el albumen del limón y no pase al agua; que mejora la digestión (a menos que tengas una úlcera péptica o acidez crónica, claro); o, incluso, que tiene efectos antiinflamatorios, cuando esto es algo totalmente falso e inventado por alguna extraña razón.

En definitiva, absolutamente nada, ni una sola evidencia, avala el uso del zumo de limón como una bebida que nos ayude a adelgazar por sus propiedades intrínsecas. No, al menos, más que beber agua y dejar de comer, por ejemplo. Además, las propiedades beneficiosas que supuestamente tiene son exactamente las mismas (vitamina C, antioxidantes, etc) que las que obtendríamos con una alimentación normal. Por el momento, lo único que vale para perder peso y vivir más saludablemente es tener unos buenos hábitos alimenticios, moverse un poco y dejarnos de limonadas.

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La noticia Agua con limón, ¿realmente ayuda a adelgazar? fue publicada originalmente en Xataka Ciencia por Santiago Campillo .



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