domingo, 2 de junio de 2019

Muchos ateos y personas que confían en la ciencia, sin embargo, creen en lo sobrenatural

Muchos ateos y personas que confían en la ciencia, sin embargo, creen en lo sobrenatural

Ser ateo, agnóstico o creyente, en gran parte, se parece a ser de un equipo de fútbol o de otro. Tras la decisión no subyace una gran cantidad de estudio, reflexión y debate, sino más bien una inercia o una impostura. Una moda. Una forma de encajar en un grupo. Un odio (muchos ateos en realidad son anticlericales, más que ateos).

Por esa razón, no debería extrañarnos que muchos de los ateos, sin embargo, crean en diferentes manifestaciones sobrenturales. Y que incluso eso suceda en los que confían en la ciencia (pero no tienen mucha idea, obviamente, de epistemología).

Creer o no creer

Mientras que los ateos afirman que no creen en dios (o más bien deberían considerar la hipótesis de Dios como una pérdida de tiempo, porque negar, lo que se dice negar tajantemente, nadie en su sano juicio puede hacerlo), una reciente encuesta ha hallado que la mayoría de ateos tiene al menos una creencia sobrenatural, como la vida después de la muerte o la reencarnación.

Ya sabíamos que casi nadie puede afirmar que rechaza completamente las creencias irracionales, como la vida después de la muerte, la astrología y la existencia de una fuerza vital universal, o cualquier otro tic social, como la suerte o evitar pasar por debajo de una escalera. Los seres humanos no podemos ser racionales todo el tiempo, a todas horas, en todas las situaciones (por eso, precisamente, se inventó la ciencia, como método testador y auditor fuera de nuestras cabezas irracionales a fin de descartar el grano de la paja).

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Por ello, incluso en las mentes aparentemente sólidas y racionales de los ateos, que parecen todo pragmatismo y análisis frío, también encontramos trazas de sinrazón equivalentes a confiar en que ser omnisciente y omnipresente lo creó todo (vale, ¿entonces quién lo creó a él?), que resulta incognoscible e inescrutable (vale, entonces ¿cómo nos atrevemos a decir nada sobr él?) y que sirve estupendamente para rellenar nuestras lagunas de ignorancia e incertidumbre (el famoso dios de los agujeros). Al fin y al cabo, si un creyente cree en su dios pero no en Thor o en Ratoncito Pérez, un ateo solo es un creyente que cree en un dios menos que él.

El proyecto Understanding Unbelief, con sede en el Reino Unido, entrevistó a miles de ateos y agnósticos autoidentificados de seis países: Brasil, China, Dinamarca, Japón, Estados Unidos y el Reino Unido. Encontró que a pesar de su impiedad, la mayoría cree en cosas raras, en palabras de Michael Shermer.

En Reino Unido, un 18% de los que declaran "no creo en Dios" sí que cree en "seres sobrenaturales que pueden ser buenos, malos, o ninguna de ambas cosas, como demonios, ángeles, fantasmas y espíritus". ambién creen en ellos un 20% de los ateos de Estados Unidos, una cantidad similar de los de Dinamarca y un 30 por ciento de los ateos de Brasil. También creen en espíritus así 1 de cada 6 agnósticos daneses o norteamericanos, uno de cada 5 agnósticos británicos, uno de cada cuatro agnósticos japoneses o brasileños y uno de cada 3 agnósticos chinos.

Al menos, cabe incidir en que no todo es tan horrible. En general, y en todos los países analizados, los ateos muestran los niveles más bajos de creencia en lo sobrenatural; los agnósticos muestran niveles ligeramente más altos; y dentro de la población general, tales creencias son las más altas. Es decir, que en lo tocante a creer cosas raras, ser ateo sigue siendo la postura más racional.

Los datos parecen mostrar una divergencia entre Asia Oriental (China, Japón) y otros países (Brasil, Dinamarca, el Reino Unido, los Estados Unidos). Tanto en China como en Japón, los porcentajes de no creyentes y de la población en general que consideran la ciencia como el único camino confiable al conocimiento son casi idénticos. Por el contrario, los porcentajes de no creyentes en Brasil, Dinamarca, el Reino Unido y los Estados Unidos que respaldan esta declaración son sustancialmente más altos que la población general. Además, tanto en China como en Japón, es más probable que los miembros de la población general respalden una explicación evolutiva de los orígenes humanos que el subgrupo incrédulo. Esta relación se invierte en Brasil, Dinamarca, el Reino Unido y los Estados Unidos.

La naturaleza también puede erigirse como una especie de creencia irracional. En relación con el valor "profundo" del mundo natural, independientemente de su utilidad para los seres humanos, en la mitad de los países estudiados (Dinamarca, Reino Unido, Estados Unidos) lo no creyentes y las muestras generales lo respaldaron en niveles casi idénticos. En la otra mitad (Brasil, China y Japón), los incrédulos tenían menos probabilidades de aprobar la declaración (82% frente a 89% en Brasil, 77% frente a 93% en China y 55% a 79% en Japón). Sin embargo, en todos los países y en ambas muestras, la mayoría de los participantes respaldan la afirmación del valor inherente del mundo natural.

Así pues, ser ateo, agnóstico o creyente, aunque porcentualmente sea así, no es garantía de tener un pensamiento más científico. Los motivos que te conducen a ser ateos, agnóstico o creyente es lo importante. La robustez de tu argumentación. Las vueltas y revueltas que has dado hasta llegar a esa posición. Lo dispuesto que estés a razonar, ponderar y cambiar de opinión. Al final, como de costumbre, llegamos a dos o tres ideas que deberíamos estamparnos todos en la pechera de una camiseta: las personas deben respetarse, pero no sus creencias o ideas; y las ideas más respetables no son algunas ideas per se que resultan intocables o son democráticamente aceptadas, sino las que mejor se han fundamentado.

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¿Por qué el café tiene un efecto laxante? No, no es solo por la cafeína

¿Por qué el café tiene un efecto laxante? No, no es solo por la cafeína

Quienes sean grandes bebedores de café serán conscientes de que acuden más al baño. Ya sea a orinar, porque el café tiene un efecto diurético, como a defecar, porque también tiene un efecto laxante.

Pero ¿a qué se debe este efecto laxante? La cafeína no tiene nada que ver en muchos casos.

Ácido

Contrariamente a la creencia popular, la naturaleza laxante del café no proviene de la cafeína (esto solo afecta a personas particularmente sensibles a ella). En cambio, el ácido del café sí puede desencadenar una reacción intestinal en el estómago, que lo hace proclive a descargar su contenido en los intestinos. La naturaleza ácida del café también provoca un aumento en la producción de ácidos biliares en el cuerpo.

El mismo café (independientemente si es normal o descafeinado) produce efectos estimulantes en los intestinos.

El café también causa un aumento en las hormonas que estimulan el intestino grueso. El café estimula las contracciones musculares en el intestino grueso, que son similares a las contracciones que se producen después de comer una comida. Los científicos todavía no están seguros de qué compuestos específicos de café están involucrados en ello.

Más allá de los propios granos de café, también los edulcorantes, los productos lácteos o los aditivos no lácteos también pueden provocar ese efecto laxante.

Con todo, para bien o para mal, las propiedades laxantes del café solo afectan a una fracción de la población. En el siguiente vídeo de la American Chemical Society tenéis más detalles:

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Las pájaros que viven en las ciudades prefieren mudarse a los barrios más ricos (también en Sudáfrica)

Las pájaros que viven en las ciudades prefieren mudarse a los barrios más ricos (también en Sudáfrica)

Un equipo de científicos de la Universidad de Turín, Italia y las Universidades de Ciudad del Cabo (UCT) y Witwatersrand, Sudáfrica, han demostrado en un reciente estudio que las aves de las ciudades sudafricanas prefieren los barrios ricos.

Concretamente, se estudió la presencia de especies de aves en 22 áreas urbanas de Sudáfrica y la mayoría prefería los barrios ricos a los pobres, pero se mudarán en general si hay mucho asfalto y cemento.

Zonas pudientes

Las zonas más ricas tienen más especies de aves. Cuanto más ricos son los vecindarios, más especies de aves se encuentran allí, siempre que existan. Esto es probablemente debido a la mayor inversión en jardines, parques y otros espacios verdes que son puntos calientes de la biodiversidad urbana en los vecindarios más ricos.

Los hallazgos se basaron en un análisis cuidadoso de cuatro años de datos del Proyecto de Atlas de Aves del África Meridional en una variedad de entornos urbanos,desde las afueras periurbanas hasta los centros urbanos de gran altura, donde el ingreso promedio varió de 1.000 a 30.000 dólares por año según el censo sudafricano.

No obstante, esto no fue cierto para las áreas altamente urbanizadas donde la vegetación ha desaparecido. Es decir, que el llamado "efecto lujo", bien documentado en el mundo desarrollado, también se aplica a áreas urbanas de densidad relativamente baja en Sudáfrica. Es decir, que es la primera vez que se documenta el "efecto lujo" en las aves para un país africano.

Según el autor principal, Dan Chamberlain, de la Universidad de Turín:

Este estudio muestra que los suburbios ricos y frondosos tienen más especies de aves y, probablemente, una mayor biodiversidad en general, que las áreas pobres de la ciudad o las áreas que tienen demasiado asfalto y cemento. Los factores que impulsan el 'efecto lujo' nos ayudarán a diseñar ciudades más amigables con la biodiversidad en el futuro, promoviendo así la justicia ambiental para todos los habitantes urbanos.

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sábado, 1 de junio de 2019

Libros que nos inspiran: 'Orígenes' de Lewis Dartnell

Libros que nos inspiran: 'Orígenes' de Lewis Dartnell

"El agua de nuestro cuerpo fluyó una vez Nilo abajo, cayó como lluvia monzónica sobre India y se arremolinó alrededor del Pacífico. El carbono presente en las moléculas orgánicas de nuestras células fue extraído de la atmósfera por plantas que comemos. La sal de nuestro sudor y nuestras lágrimas, el calcio de nuestros huesos y el hierro en nuestra sangre surgieron por erosión de las rocas de la corteza terrestre, y el azufre de las moléculas de proteína presente en nuestro pelo y nuestros músculos fue expulsado por los volcanes".

¿Acaso un libro puede empezar mejor sus compases que con este párrafon en el que se mezcla belleza plástica y ciencia, al más puro estilo Destejiendo el arcoiris de Richard Dawkins? Esto es Orígenes: Cómo la historia de la Tierra determina la historia de la humanidad, un libro extraordinario escrito por Lewis Dartnell.

Influencia terrestre

Biólogo británico, investigador y profesor de astrobiología en la Universidad de Westminster, no es la primera vez que hablamos por aquí de un libro de Lewis Dartnell: ya nos había impresionado con Abrir en caso de apocalipsis (Debate, 2015).

Sin embargo, en Orígenes da el todo por el todo y concibe una obra de rezuma belleza y conocimiento por todos los costados; pero no un concimiento estanco, sino oceánico, implicando diversas disciplinas, trenzándolas como si fuera un tapiz enrevesadísimo pero también muy clarificador de cómo la Tierra nos hizo como somos. De cómo influyó en cada una de nuestras decisiones como especie. De cómo nos proporcionó las materias primas que hemos extraído, refinado y ensamblado para construir los millones de objetos que nos rodean.

Por ello, este fabuloso libro, que podría estar genéticamente emparentado con el Armas, gérmenes y acero, del biólogo Jared Diamond, ha sido fuente de inspiración en Xataka Ciencia para escribir entradas como: A pesar de lo que dicen los racistas, somos una especie extraordinariamente poco diversa a nivel genético.

Cuando se habla de algo tan inabarcable como la historia de la humanidad solemos poner el foco en cosas muy concretas. Nos gusta enumerar los líderes que marcaron la diferencia, señalar ciertos fenómenos como la migración o describir las consecuencias de las guerras más decisivas. Pero, ¿qué pasaría si cambiáramos el enfoque y pusiéramos a la Tierra en el centro de nuestras averiguaciones? Este libro es lo que pasaría. Para Lewis Dartnell la única manera de comprender nuestra historia consiste en explicar cómo nuestro planeta, desde el inicio de los tiempos, ha determinado nuestro destino. Toda especie está condicionada por su entorno. Es algo ineludible: las fuerzas geológicas ocasionaron nuestra evolución en África oriental; los terrenos montañosos característicos de Grecia favorecieron el nacimiento de la democracia en las antiguas polis, y el Himalaya guarda una relación con la formación de las islas Británicas que muchos ignoramos. La historia de estas fuerzas es, en definitiva, la historia de la humanidad.

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Jordania es el país de las especias, y todas se venden a granel y a precios muy económicos. Por ejemplo, podéis adquirir kawsay (una especia de color púrpura que se rocía sobre muchas de las ensaladas de Oriente Medio). El Za’atar es un condimento utilizado en una gran cantidad de platos de cocina árabe y se compone de una combinación de cualquiera o todos estos ingredientes: tomillo, semillas variadas, orégano, zumaque y sésamo.

Las especias, sobre todo, en oriente, han sido un rasgo distitivo no solo solo de la gastronomía, sino también de la cultura. Pero ¿por qué aquí? ¿Y qué tiene de especial las especias?

En busca de la especia dorada

Actualmente, el azafrán es la especia más cara del mundo: el precio de venta al consumidor puede superar los 6.000 euros el kg en el caso del azafrán de Irán, e incluso 40.000 euros el kg del francés. Este elevado precio se debe a que se requieren 150.000 flores, como mínimo, para obtener un kg de azafrán. No en vano, al azafrán se le llama también "oro rojo".

Durante siglos, las especias fueron algunas de la mercancías más caras y preciadas del mundo, junto al oro, la playa, el algodón, la porcelana, la seda o el té. Especias como la pimienta y el jengibre de India, la canela de la isla de Ceilán o la nuez moscada, macis y clavo de las Molucas.

Las razones por las que las especias eran tan ambicionadas por las personas son varias, tal y como explica Lewis Dartnell en su libro Orígenes:

Dichas especias eran apreciadas no solo para aderezar los alimentos, sino también por las propiedades afrodisiacas y medicinales que se consideraba que tenían. Las especias procedían de diferentes especies de plantas que crecen en el lcima tropical de la región.

Hacia el 1400, el puerto de Malaca, al principio una pequeña aldea de pescadores emplazada en el sudeste de la península Malaya, se convirtió gracias a la especia en uno de los centros de comercio más grandes del mundo. Sobre todo especias procedentes de Banda y las Molucas.

La riqueza de todo este comercio de especias fue lo que atrajo por encima de todo a los navegantes europeos que intentaban encontrar nuevas rutas marítimas hacia Oriente a finales del siglo XV.

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Las especias exóticas, como la pimienta, la nuez moscada, la macis y los clavos de Oriente eran mucho más raras en Europa, así que eran también más valiosos en los mercados occidentales. En el siglo XVI, las guerras en Europa tendrán una gran repercusión en el comercio internacional de especias y más en concreto la guerra de Flandes. Durante el siglo XVII continuó el desarrollo naval de los holandeses que vino acompañada de un espectacular desarrollo militar. Además eliminaron el obsoleto sistema de trueque y establecieron una tabla sistemática de precios.

Sin embargo, el delegado botánico de Francia en Islas Mauricio, Pierre Poivre, aprovechó la debilidad holandesa para importar (de contrabando) raíces de clavo, nuez moscada, pimienta y azafrán, traídas de las Molucas. Alrededor de 1775, gracias a los conocimientos botánicos de los franceses, comenzaron a florecer plantaciones de especias, empezando el comercio galo de las especias. Todo esto produjo el fin del monopolio en el siglo XIX, lo que propició la caída progresiva y feroz de los precios en toda Europa.

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A pesar de lo que dicen los racistas, somos una especie extraordinariamente poco diversa a nivel genético

A pesar de lo que dicen los racistas, somos una especie extraordinariamente poco diversa a nivel genético

Que si piel negra, que si ojos rasgados, que si piel blanca, pelo rizado, nariz grande... todo esos rasgos fenotípicos nos pueden resultar muy llamativos, pero indican que seamos particularmente diversos a nivel genético. Más bien, somos una especie muy homogénea.

Además, los rasgos anteriormente mencionados tampoco refieren ninguna diferencia genética destacable: hay más diversas genética entre negros en el continente africano, por ejemplo, que entre un blanco y un negro.

Estudios genéticos globales

A pesar de los discursos racistas como el de Hitler o las insinuaciones xenófobas de algunos políticos dirigidas a los que nacen del otro lado de sus fronteras imaginarias, lo cierto es que la genética tiene poco que decir a propósito de cuán diferente somos, ya sea por rasgos físicos como conductuales.

El color del pelo, de los ojos, de la piel, la forma del cráneo... todo ello no son más que diferencias regionales superficiales que, sin embargo, no afectan a la uniformidad genética global de la especie humana. Tal y como abunda en ello Lewis Dartnell en su libro Orígenes:

En realidad, hay más diversidad genética entre dos grupos de chimpancés que viven en orillas opuestas de un río de África central que entre humanos que vivan en rincones opuestos del mundo.

La mayor diversidad genética en el planeta Tierra no se encuentra, de hecho, entre África y el resto de continentes, ni entre europeos o chinos, sino entre habitantes del propio continente africano.

Además, estos estudios genéticos sugieren que la humanidad que se distribuye en la actualidad por el mundo desciende de un único éxodo desde África más que de múltiples oleadas migratorias, y probablemnete no más de unos miles de migrantes originales.

Si acaso sí que hay cierto entrecruzamiento genético con otra especie (si es que se puede llamar así): nuestros antepasados, a medida que empezaron a expandirse en Eurasia, se toparon con otros homínidos que ya habían abandonado África mucho antes y se reprodujeron con ellos.

Homínidos como los neandertales, de los que adquirimos una traza de su ADN (aproximadamente el 2 por ciento) o los denisovanos, entre otros. Y, por supuesto, el término raza, entre humanos, constituye un término equívoco.

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viernes, 31 de mayo de 2019

Radiaciones por telefonía en grandes eventos 10.000 veces por debajo del límite legal

¿A cuánta radiación nos exponemos por los dispositivos móviles en eventos multitudinarios? Investigadores de la Universidad de Castilla-La Mancha han medido la que se recibió de las antenas temporales de telefonía y los terminales de más de 2,5 millones de personas durante una Feria de Albacete y los resultados revelan que los valores máximos registrados no llegaron al 0,004% de los límites permitidos.



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Por qué ciertos peces marinos se adaptan a ecosistemas de agua dulce

Un nuevo estudio, publicado en la revista Science, revela cómo algunas especies marinas de peces se adaptan a ecosistemas de agua dulce y colonizan ríos y lagos. Los resultados del trabajo, en el que ha participado el Instituto de Acuicultura Torre de la Sal del CSIC, se pueden aplicar para predecir la progresión de especies invasoras en medios acuáticos.



Fuente: Noticias

Estas imágenes en movimiento son del 1900 y son las primeras en registrar un eclipse solar total

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Recuperada en calidad 4K por expertos en conservación en el BFI National Arrchive, que han vuelto a montar la película fotograma a fotograma, lo que podéis ver a continuación es la primera imagen en movimiento de un eclipse solar total, registrada en 1900 por el británico Nevil Maskelyne y archivada en la Royal Astronomical Society (RAS).

Maskelyne era un mago británico convertido en pionero cineasta.

Primer eclipse total

Nevil Maskelyne, en una expedición de la Asociación Astronómica Británica a Carolina del Norte el 28 de mayo de 1900, filmó lo que llamó Solar Eclipse (1900). Maskelyne tuvo que hacer un adaptador telescópico especial para su cámara para capturar el evento.

No era la primera vez que lo intentaba: en 1898, Maskelyne viajó a la India para fotografiar un eclipse donde tuvo éxito, pero la película fue robada en su viaje de regreso a casa.

Maskelyne, un entusiasta del cine, se hizo pasar por un investigador científico de las ilusiones, el espiritismo y diversos fenómenos. Estaba fascinado por la astronomía y se convirtió en miembro de la Royal Astronomical Society. Quería demostrar que el cinematógrafo en desarrollo podría usarse para el avance de la ciencia. Según Mike Cruise, presidente de la Royal Astronomical Society:

Estas escenas de una Solar Eclipse son unas de las vistas más espectaculares de la astronomía, una visión cautivadora de la ciencia victoriana en acción.

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