martes, 31 de marzo de 2020

Cómo los animales entienden los números para sobrevivir

Aves, abejas, lobos y ranas, entre muchos otros animales, usan los números para cazar, encontrar una pareja o regresar a sus casas. Un investigador alemán ha revisado la literatura científica actual para entender cómo la capacidad numérica de la fauna influye en su toma de decisiones y en su capacidad de supervivencia.



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Nuevo modelo para estimar los casos reales de COVID-19 en cada comunidad autónoma

Un equipo de matemáticos de las universidades Autónoma de Barcelona, Politécnica de Cataluña y Humboldt de Berlín ha desarrollado un modelo para calcular el número real de nuevos casos diarios de personas infectadas por COVID-19 en las distintas comunidades autónomas. Obtener este dato directamente de la población de momento es imposible, ya que muchas personas infectadas con el coronavirus presentan síntomas leves o son asintomáticas.



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Ansiedad, hormonas y pérdida de peso: la ciencia te da las claves para no engordar con el estrés

Ansiedad, hormonas y pérdida de peso: la ciencia te da las claves para no engordar con el estrés

Las situaciones de estrés afectan de muy diversa forma a las personas. Una de las manifestaciones más conocidas y molestas es, sin duda, la ganancia de peso que sufren algunas de ellas.

Aunque la cuestión es compleja, podríamos identificar tres razones principales que explican por qué para algunas personas el estrés significa engordar. Estas tres razones, además, permiten tener una visión más pormenorizada y, por tanto, más facilidad a la hora de aplicar posibles soluciones.

La hormona del estrés: la culpa es del cortisol

La primera de las razones, relacionada de manera directa con las otras dos, es la hormonal. Cuando nos encontramos ante una situación de estrés, independientemente de su origen, nuestra glándula suprarrenal comienza a segregar cortisol. Esta hormona esteroidea tiene como principales funciones activar algunos mecanismos de defensa.

Entre ellos, está el liberar azúcar en sangre, aumentando la glucemia. El objetivo es mantener un suministro constante de azúcar en el cerebro, así como disponer de todo el potencial energético dispuesto ante cualquier contingencia. Como consecuencia, el cortisol contrarresta a la insulina, inhibiendo su función anabólica.

Por tanto, al aumentar la concentración en sangre de azúcar se activan los mecanismos de almacenamiento de grasas y glucógeno hepático, como respuesta a medio plazo. En este proceso, también se activan otros engranajes que lanzan señales de hambre, lo que ayuda a acumular más grasas. Se estima que este mecanismo ha evolucionado como protección ante situaciones estresantes y complejas a corto y medio plazo.

Sin embargo, a largo plazo puede resultar contraproducente ya que mantiene una glucemia y, con ella, una capacidad de almacenamiento y peor gestión de grasas y azúcares. Por ello, a nivel metabólico, el cortisol producido por el estrés dispone al cuerpo a acumular más fácilmente grasas.

La hormona no sería nada sin el comportamiento

Desde hace algunos años sabemos que el estrés hace que algunas personas tiendan a consumir ciertas sustancias ricas en grasas y azúcares en mayor cantidad. En parte, esto se explica por la respuesta de recompensa que surge de consumir este tipo de sustancias palatables, agradables y también muy densas energéticamente.

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En cualquier caso, este cambio de comportamiento es una cuestión crucial. Ningún cambio metabólico, por sí mismo, tendrá un efecto permanente si no es acompañado por el contexto. Para coger peso, una persona necesita ingerir más. Esto mismo ocurre cuando estamos bajo una situación de estrés: nuestros niveles de cortisol son altos, y la ingesta cambia, permitiendo que se acumule más grasa, más rápidamente.

Para más inri, bajo circunstancias de estrés, estos alimentos, ricos en grasas y azúcares, se vuelven más apetecibles y menos saciantes. Y no solo cambia la ingesta. Ante situaciones de estrés cambia nuestro patrón de comportamiento completo: podemos tender a una menor actividad física, a comportamientos semidepresivos o a cambios en contra de nuestro estilo de vida importantes.

El descanso también juega una mala pasada

Otra cuestión que conocemos bien es la relación existente entre el sueño y la obesidad. Cuando no dormimos bien podemos provocar que nuestro cuerpo sufra una serie de problemas de origen metabólico. Tras estos problemas se encuentra la forma que tiene nuestro cuerpo de procesar cosas tan básicas como la energía. En otras palabras, y resumiendo, no descansar aumenta el estrés que sufrimos.

Un descanso adecuado, con un sueño de calidad, ayuda a mejorar la tolerancia a la glucosa. Esto significa que, con un patrón regular de sueño, si este es de calidad, los picos de glucosa no se producen de manera tan brusca. En general, unos niveles de tolerancia a la glucosa aceptables permiten que el metabolismo al completo reacciones sin brusquedad, adecuándose a la glucemia disponible en sangre.

Esto desemboca, sin más remedio, en reducir las oportunidades de sufrir sobrepeso, obesidad o diabetes y, también, a perder peso, tal y como muestran los estudios. Por el contrario, no dormir bien significa más estrés, peor gestión emocional, más irritabilidad y hasta problemas como la depresión. Por otro lado, el estrés impide un buen descanso.

De nuevo, el cortisol juega en contra de dormir profundamente ya que mantiene el cuerpo y la mente activos, preparados para reaccionar. El estrés, en general, provoca una sensación de inquietud y malestar debido a los altos niveles hormonales, la tensión muscular y el estado de alerta. Esto, obviamente, ayuda a que aumenten aún más los niveles de estrés. De esta manera, se cierra un círculo de tres vías por las cuales el estrés potencia la ganancia de peso.

Lidiar con el estrés y la ansiedad

Como consecuencia del estrés, estas tres vías de las que hablábamos se cristalizan en el estado que llamamos ansiedad. ¿Se puede mitigar, en parte, las consecuencias de esta? Sí. Para ello deberemos poner algunas medidas al respecto. Entre ellas está la organización. Nada como un poco de disciplina y una rutina para evitar hacer asaltos selectivos al frigorífico.

Por otro lado, dentro de la organización nos toparemos con qué debemos comprar y almacenar. Si evitamos hacernos con comida de bajo nivel nutricional será más fácil no dejarnos llevar por el ansia.

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Esto también nos servirá para llevar una alimentación saludable y más productiva en esta situación de estrés. También podemos añadir algo de movimiento a nuestra vida, potenciando el ejercicio, (aunque sea en casa).

También viene bien que aprendamos a diferenciar entre el hambre y el hambre derivada del estrés. La organización, de nuevo, puede ayudarnos a ello. Gestionar el momento es importante, para lo que podemos usar técnicas de relajación, practicar algo de yoga o buscar elementos de distracción. Lidiar con el estrés y la ansiedad no es fácil, pero con un poco de trabajo previo y voluntad, se pueden conseguir pequeños pero importantes logros.

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La noticia Ansiedad, hormonas y pérdida de peso: la ciencia te da las claves para no engordar con el estrés fue publicada originalmente en Xataka Ciencia por Santiago Campillo .



Vía Xataka Ciencia

lunes, 30 de marzo de 2020

Desechos espaciales del tamaño de una canica: esto es lo que puede detectar este nuevo radar en las Islas Marshall

Desechos espaciales del tamaño de una canica: esto es lo que puede detectar este nuevo radar en las Islas Marshall

Ubicado en el atolón Kwajalein de las Islas Marshall, en el Océano Pacífico, la recién creada Fuerza Espacial de Estados Unidos ha activado un nuevo sistema de radar de alerta frente a los desechos espaciales.

Su nombre es Space Fence.

Space Fence

Antes de Space Fence, la Red de Vigilancia Espacial (SSN) rastreaba más de 26.000 objetos. Con la capacidad operativa inicial y la aceptación operativa de Space Fence, se espera que el tamaño del catálogo aumente significativamente con el tiempo.

Este sistema es ahora el radar de búsqueda más sensible del SSN, capaz de detectar objetos en órbita tan pequeños como una canica en órbita terrestre baja (LEO). Tal y como explica el general Jay Raymond, Jefe de Operaciones Espaciales del Comando Espacial de Estados Unidos:

Space Fence está revolucionando la forma en que vemos el espacio al proporcionar datos orbitales precisos y oportunos sobre objetos que amenazan los activos espaciales militares y comerciales tripulados y no tripulados.

El informe señala además que, si bien Space Fence cumple con los requisitos de precisión para objetos en LEO, no ha demostrado una precisión similar para algunos objetos en órbitas más altas, incluidos MEO y GEO.

  • Satélites LEO (Low Earth Orbit, que significa órbitas bajas). Orbitan la Tierra a una distancia de 160-2000 km y su velocidad les permite dar una vuelta al mundo en 90 minutos.
  • Satélites MEO (Medium Earth Orbit, órbitas medias). Son satélites con órbitas medianamente cercanas, de unos 10.000 km. Su uso se destina a comunicaciones de telefonía y televisión, y a las mediciones de experimentos espaciales.
  • Satélites GEO. Tienen una velocidad de traslación igual a la velocidad de rotación de la Tierra, lo que supone que se encuentren suspendidos sobre un mismo punto del globo terrestre. Por eso se llaman satélites geoestacionarios.

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La noticia Desechos espaciales del tamaño de una canica: esto es lo que puede detectar este nuevo radar en las Islas Marshall fue publicada originalmente en Xataka Ciencia por Sergio Parra .



Vía Xataka Ciencia

La OMS confirma que el coronavirus no viaja libremente por el aire, sino en gotas

El virus que provoca la COVID-19 se transmite a través de las gotitas respiratorias que expulsa una persona infectada al toser o estornudar a menos de un metro, pero no por las partículas suspendidas en el aire, salvo en casos muy específicos durante los tratamientos hospitalarios. Así lo recoge un reciente informe de la Organización Mundial de la Salud.



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La caída de la contaminación por el confinamiento se ve desde el espacio

En comparación con marzo del año pasado, las últimas observaciones del satélite europeo Sentinel-5P muestran un acusado descenso en las concentraciones de dióxido de nitrógeno en grandes ciudades europeas como Madrid, Barcelona, París y Milán. Las medidas de contención para frenar la pandemia COVID-19 están produciendo este efecto temporal positivo.



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Cómo pasar de comer plantas c3 a c4 nos permitió expandirnos y prosperar como especie (y tener un cerebro mayor)

Cómo pasar de comer plantas c3 a c4 nos permitió expandirnos y prosperar como especie (y tener un cerebro mayor)

Si uno piensa en C4 le viene enseguida a la cabeza un poderoso explosivo plástico (y si es un friqui, quizás el Nakatomi Plaza de La jungla de Cristal). Sin embargo, las C4 también son un tipo de planta. Y las C3.

Esta diferenciación se establece a nivel físico. Más concretamente a la composición molecular de las plantas, y a unos elementos químicos específicos que existen en formas sutilmente distintas: los isótopos.

Isótopos botánicos

Algunos de estos isótopos son estables, mientras que otros son versiones inestables y radiactivas. En la naturaleza hallamos tres formas de carbono:

  • El carbono-14: inestable y radiactivo, es infrecuente, pero muy útil para los arqueólogos a la hora de usar la datación por radiocarbono).
  • El carbono-12: es la mayor parte del carbono del mundo, tiene seis neutrones y seis protones en el núcleo).
  • El carbono-13: es una versión más pesada pero también estable que tiene un neutrón extra).

Cuando las plantas realizan la fotosíntesis, emplean la energía del sol para producir una reacción que captura el dióxido de carbono de la atmósfera y termina transformando ese carbono de la atmósfera en moléculas de azúcar nuevas. La cuestión es que hay varios tipos diferentes de fotosíntesis, en función de la rutas químicas empleadas en el proceso.

Los árboles y los matorrales usan un tipo de fotosíntesis que incluye la formación de una molécula con tres átomos de carbono como primer paso: los botánicos las llaman C3.

Hay plantas como algunas hierbas y juncos que hacen la fotosíntesis creando una molécula con cuatro átomos de carbono, las llamadas C4. Este tipo de plantas son más eficaces en su uso de moléculas de agua (así que prosperan en entornos más áridos) y también obtiene una cantidad mayor de isótopo estable un poco más pesado, el carbono-13.

Es decir, que si un animal come muchas plantas C4, hasta sus huesos acaban enriquecidos con carbono-13. Esta información es muy importante a nivel arqueológico, tal y como explica Alice Roberts en su libro Domesticados:

Las dietas de los chimpancés, por ejemplo, están dominadas por las frondosas plantas C3; sus huesos no terminan enriquecidos con carbono-13. Nuestros primeros antepasados hominidos, hace unos cuatro millones y medio de años, parecían seguir una dieta similar a base de plantas C3. Hace entre cuatro millones y un millón de años, el clima estaba fluctuando, pero los paisajes donde vivían nuestros antepasados se estaban volviendo (en general) más secos y poblados de hierba.

Cerebro más grande

Sabemos, gracias a sus huesos enriquecidos con carbono-13, que entonces empezaron a ingerir más plantas C4 de resultas de este cambio en el hábitat. Básicamente más raíces y tubérculos ricos en almidón. Ingerir esos alimentos escondidos pero más ubicuos quizá ayudara a las poblaciones de la Antigüedad a expandirse y a prosperar en hábitats nuevos, incluso en entornos variables e impredecibles.

Pero hay algo más importante: más almidón en la dieta quizá también influyó para bien en el tamaño de nuestro cerebro. Si bien el tamaño aumentó con la llegada de la ingesta regular de carne (sobre todo cuando empezamos a cocinarla, es decir, pre-digerirla para extraer más calorías al ingerirla), no debemos pasar por alto la ingesta de nuevos vegetales.

Dos cambios cruciales (uno cultural y uno genético= habrían contribuido enormemente a liberar la energía encerrada en el almidón. El cambio cultural fue la cocina; el cambio genético fue la multiplicación de un gen que produce una enzima en la saliva que degrada el almidón (...) La amilasa salival funciona mucho mejor sobre el almidón cocinado que sobre el crudo, así que es posible que el aumento de copias de este gen llegara pisando los talones a la adopción de la cocina.

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La noticia Cómo pasar de comer plantas c3 a c4 nos permitió expandirnos y prosperar como especie (y tener un cerebro mayor) fue publicada originalmente en Xataka Ciencia por Sergio Parra .



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Científicos españoles imprimen pantallas de protección individual para el personal sanitario

Investigadores de distintos centros del CSIC están empleando la técnica de impresión 3D o fabricación aditiva para producir elementos de protección para los hospitales de Madrid. Ya se tiene listo un envío de 50 pantallas.



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Modelos en 3D de lagos de montaña con un sonar portátil y láser aéreo

La información del territorio que facilita la tecnología láser desde un avión se puede combinar con datos recogidos en lagunas de montaña con una barca hinchable y una pequeña ecosonda para obtener mapas tridimensionales. El sistema lo han probado con éxito dos geólogos en el lago glaciar de Truchillas, en León.



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domingo, 29 de marzo de 2020

Dos nuevos ensayos sobre COVID-19 en España: terapia precoz en combinación y plasma de pacientes recuperados

Dos estudios en pacientes hospitalizados buscan frenar el desarrollo de la fase inmunológica, responsable de que sea necesario utilizar soporte ventilatorio avanzado e ingreso en UCI. 



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