martes, 17 de septiembre de 2013

A más cerebro, menos estrés


Al menos así ocurre en las aves. Según un estudio del Centro de Investigación Ecológica y Aplicaciones Forestales(CREAF), las especies de aves que poseen un cerebro más grande experimentan niveles más bajos de estrés al poseer una mayor habilidad para anteponerse y resolver conflictos.




















Vía Muy Interesante

Viajes al espacio de ida y vuelta


Los ingenios que suben al espacio no suelen volver a bajar, o si lo hacen es para quedar destruidos en el proceso. Los transbordadores de la NASA fueron una excepción, pero dado su elevadísimo coste se consideran uno de los grandes fiascos de la astronáutica. Ahora, la Agencia Espacial Europea (ESA) está empeñada en tener su propia nave de ida y vuelta.




















Vía Muy Interesante

Documentan más de 4.000 mutaciones genéticas causantes de cáncer


Un grupo de investigadores españoles ha documentado más de 4.000 mutaciones presentes en distintos tumores cancerígenos para facilitar la identificación de los genes implicados en cada caso clínico. El sistema busca allanar el terreno hacia la secuenciación rutinaria del genoma del paciente y su cotejo automático con los datos registrados para elaborar un tratamiento personalizado del cáncer.




















Vía Muy Interesante

Algunos organismos unicelulares poseen genes que se creían exclusivos de los animales

Según un estudio liderado por el CSIC, la genética animal y la de la ameba Capsaspora están evolutivamente más cerca de lo que se pensaba. Los investigadores han descubierto que el gen Brachyury de este organismo unicelular es capaz de mimetizar la función de su gen homólogo en una rana africana y participar así en el desarrollo embrionario. El trabajo ha sido publicado esta semana en la revista PNAS.



Fuente: Noticias

La vacunación de las vacas contra la ‘E. coli’ evitaría el 85% de las infecciones por esta bacteria en humanos

Un estudio realizado por investigadores británicos señala que si el ganado vacuno se sometiera a un proceso de vacunación para la Escherichia coli se evitaría el 85% de las infecciones en los seres humanos. La E. coli es una bacteria que provoca graves enfermedades gastrointestinales.



Fuente: Noticias

La Corona ve con preocupación a los buitres que siguen a Su Majestad a todas partes

Tras una temporada de convalecencia, el Rey ha retomado esta semana su agenda y sus compromisos profesionales reuniéndose con generales del Ejército y asistiendo a la ceremonia de apertura del Año Judicial. Sin embargo, los dos buitres que persiguen a Su Majestad no son vistos con buenos ojos...... Leer más



Vía El Mundo Today

Las huellas de ADN de los libros: descifrando la humanidad en función de lo que escribe y cómo lo escribe (I)

adnLos libros, aunque no estén escritos con el código de cuatro letras del ADN (ACGT), también presentan una codificación de la que podemos entresacar información tan descriptiva y valiosa como la que obtenemos decodificando el ADN .


Por ejemplo, en 2009, unos investigadores de la Universidad de California en Berkeley desarrollaron un programa informático que busca en los textos cadenas de pautas o semejanzas. Un programa que funcionaba de igual modo si analizaba el genoma de un mamífero.


Dicho programa se usó para analizar tanto el genoma de distintos mamíferos como una docena de libros, entre los que se hallaban República, de Platón, y o Peter Pan. Lo que hizo este programa es, en el caso de los libros, lograr clasificarlos por géneros literarios. Y lo hizo perfectamente.



También servía dicho programa para averiguar si alguien había sido el autor de un texto, o no. Por ejemplo, a Shakespeare se le adjudican varias obras que aún no sabemos a ciencia cierta si le pertenecen. El programa sirvió para confirmar que Los dos nobles caballeros en realidad era de Shakespare, aunque hasta entonces muchos expertos cuestionaran esta autoría.


Puede que parezca un poco raro mezclar textos escritos por personas con genomas, que “han sido escritos por la naturaleza”. Pero, de hecho, la criptografía moderna hunde tiene sus orígenes en la genética: cuando el joven genetista William Friedman se unió a un excéntrico laboratorio de ideas del Illinois rural de 1915, Friedman acabó trabajando, tras zanjar la investigación sobre la luz de la luna sobre los genes del trigo, en nada menos que en esclarecer si realmente Francis Bacon había escrito las obras de Shakespeare, como algunos suponen.


bEmpleando sus herramientas, Friedman descubrió que las suposiciones sobre la autoría de Bacon carecían de fundamento. Tal y como abunda en ello Sam Kean en su libro El pulgar del violinista:


cualquiera podría utilizar el mismo esquema de descifrado para “demostrar” que Teddy Rooselvelt había escrito Julio César. No obstante, Friedman había visto en la genética una especie de sistema de descifrado biológico, y tras degustar el auténtico descifrado de códigos, trabajó como criptógrafo para el gobierno de Estados Unidos.

Hacia la década de 1950, los biólogos ya solían referirse a los pares de las bases ACGT como “bits” biológicos, y a la genética como un “código” que había que descifrar. Bits como los que había acuñado Claude Shannon en su artículo “Una teoría matemática de la comunicación”. A partir de ese momento, el bit se uniría al centímetro, al kilogramo, al litro y al mismo minuto como una cantidad determinada. Una unidad para medir información.


Con la digitalización o conversión en bits de los datos, incluidos los libros, podremos llegar mucho más lejos en la decodificación de textos. Hasta el punto de que saber cuándo se usaban unas palabras en vez de otras.


Es lo que se ha venido a llamar Cultoromía, la lexicología informática que intenta comprender el comportamiento humano y la tendencias mediante el análisis cuantitativo de textos. La Cultoromía sólo es posible porque, desde de la invención de la imprenta a mediados del siglo XV, se estima que se han publicado unos 130 millones de libros individuales, y Google, en 2012, ya tenía escaneados 20 millones de títulos, más del 15 % del legado escrito de la humanidad.


En la próxima entrega de este artículo seguiremos indagando por los vericuetos del ADN de las letras.


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La noticia Las huellas de ADN de los libros: descifrando la humanidad en función de lo que escribe y cómo lo escribe (I) fue publicada originalmente en Xatakaciencia por Sergio Parra.





















Vía Xatakaciencia

Las huellas de ADN de los libros: descifrando la humanidad en función de lo que escribe y cómo lo escribe (y II)

dComo os adelantaba en la primera entrega de este artículo, la digitalización masiva de libros, convertidos posteriormente en datos, puede abrir un nuevo y fascinante camino hacia la comprensión de aspectos que de otro modo habrían quedado en tinieblas, y que competen a disciplinas como la psicología, la historia o incluso la autoría de un texto.


Uno de los mejores ejemplos de esta idea es el Canterbury Tales Project, en el que un grupo de filólogos se ha enfrentado a un análisis propio de los códigos genéticos para reconstruir la historia de 86 obras manuscritas diferentes de Los cuentos de Canterbury, de Chaucer (para quien no la haya leído, quizá le suene más Los cantos de Hyperion, de Dan Simmons, que se basa estructuralmente en esta obra).



Estos manuscritos fueron escritos y copiados a mano antes de que se inventara la imprenta. Las copias, pues, están sujetas a errores o mutaciones, tal y como sucede con la herencia genética. Pero anotando meticulosamente todas las diferencias entre manuscritos y copias de las que disponen los filólogos, se puede construir una especie de árbol evolutivo del texto.


Con la imprenta, sin embargo, no solo se estandarizaron las letras, sino también se prodigaron de tal modo que nos permite trazar patrones. El lenguaje posee tanta información que, incluso, tiene una capacidad para indagar que dejaría en ridículo a Sherlock Holmes. Gracias a las huellas que dejamos al hablar y escribir, la lingüística forense es capaz de certificar si somos nosotros los autores de determinada texto o no. Porque nuestro idiolecto es casi tan preciso como nuestro ADN.


dAsí pues, gracias al florecimiento de la Lingüística Forense a finales del siglo veinte, podemos centrarnos en la investigación y estudio en ámbitos como el del análisis de la imitación en la firma y en la producción de textos con finalidades criminales. Ya sabéis, determinar la autoría, por ejemplo, de una amenaza manuscrita, de un anónimo.


También se analizan las evidencias fonológicas, morfológicas, sintácticas, discursivas y terminológicas para identificar hablantes de una variedad lingüística determinada, estilo o registro. También, esclarece la comprensión lectora de documentos legales. Y, finalmente, en menor medida, determina plagios en textos orales y escritos y en traducciones.


Para este último ámbito, los peritos en Lingüística Forense se ayudaban de un software lo suficientemente efectivo como para detectar los primeros plagios, como el del célebre premio Nobel Camilo José Cela o el de la presentadora de televisión Ana Rosa Quintana, que calcó ochenta páginas de párrafos enteros de dos novelas preexistentes.


Recuerdo el caso de un extorsionador de Teruel cuyas marcas de idiolecto le delataron frente al ojo escrutador de la lingüística forense: tenía el extorsionador un uso redundante del pronombre en primera persona y el relativo compuesto, cuando en los corpus del español es más habitual en la ratio el relativo simple: como el acusado había vivido en Cataluña, se había contaminado en la frecuencia de uso del relativo compuesto. El extorsionador intentó cuestionar el dictamen del los lingüistas forenses, pero las evidencias eran abrumadoras y así lo entendió también el magistrado en una sentencia que sentó jurisprudencia.


Si el otro día veíamos cómo los insectos podían ser útiles a la hora de la práctica forense, por ejemplo para establecer la fecha de la muerte de un cadáver, en la lingüística forense los insectos pasan a ser como manchas en una hoja de papel, como insectos aplastados: las letras.


Con la digitalización de gran parte de la literatura universal, sin embargo, los análisis pueden llegar mucho más allá, como ya expliqué en Culturonomía. Todos los libros, palabras, expresiones, ideolectos se pueden cruzar hasta alcanzar equivalentes a Google Flu Trends en el ámbito del motor de búsqueda.


Si Google Flu Trends nos permite saber antes que ningún otro organismo dónde se producirá una epidemia de gripe simplemente explorando en qué lugares se busca a través de Google los síntomas de la gripe, imaginaos todo lo que podemos aprender de los libros, de las personas que los escribieron, y del contexto social donde lo hicieron.


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La noticia Las huellas de ADN de los libros: descifrando la humanidad en función de lo que escribe y cómo lo escribe (y II) fue publicada originalmente en Xatakaciencia por Sergio Parra.





















Vía Xatakaciencia